¿Y si el aire costase dinero?


Hole-Geralt | Pixabay
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MICAH LEVIN (por favor, no os perdáis su DEMOREEL) dirigió en 2015 GROW, un impresionante film con un gran concepto, que hoy está más de actualidad, incluso, que en su momento.


En apenas 5 minutos expone como las grandes corporaciones toman el control de las ciudades gracias al cambio climático, y como a partir de 2048 el aire está tan contaminado que se empiezan a vender cartuchos para filtrarlo. En 2083 se han eliminado todas las fuentes alternativas de oxígeno, incluidas las plantas y las personas que las cultivan, y se trafica con el aire que cuesta algo más que dinero: La vida.


Tras LA CUMBRE DE GLASGOW, 40.000 personas, líderes mundiales, y cientos de medios de comunicación, cabe preguntarse si hay que esperar a que esta ficción se convierta en realidad para que se tomen medidas.


Los casi 200 países participantes de la ONU reconocen que el resultado ha sido ineficiente.


Por más que se haya incluido una referencia tanto al carbón, como fuente de emisión de gases de efecto invernadero, o a los combustibles fósiles (ambas absolutamente light), también han sido muchos los gobiernos, -con los lobbies de influencia por detrás-, los que han querido que no se presionase más sobre este tema y ha resultado un ejemplo de tristeza absoluta ver a ALOK SHARMA, presidente de la COP26, disculpándose por ello y rompiendo a llorar.


Una oportunidad más, perdida, donde parece que el tiempo no importa, cuando es esencial.


Es sorprendente recordar como cuando se produjo LA ESTAFA CRISIS FINANCIERA DE 2008, todos los gobiernos supieron ponerse de acuerdo en UN FIN DE SEMANA para rescatar a los bancos, premiando la especulación de unos pocos con cargo a los presupuestos que alimentaban muchos, prácticamente todo el mundo.


Las mentes bien pensantes creen que un cambio radical o la concienciación de todo el mundo es un tema de tradición y cultura, que también influye, pero las reticencias a tomar soluciones tienen un elemento común: el dinero.


Si por un lado se lucha contra la contaminación del PETRÓLEO y, por otro lado, la empresa que produce el daño tiene recursos para obviarlo, o si los DELITOS MEDIOAMBIENTALES han subido un 57% en tan solo cinco años porque sus costes son tan bajos para ciertas industrias que merece la pena incumplir, habría que plantearse si, aparte de buenas palabras, las normativas deberían ser mucho más duras.


Es muy esclarecedor ver como al final un problema tan terrible como el del MAR MENOR se transforma en una pelota que pasa de mano en mano durante décadas hasta que no hay solución.

Podríamos seguir contando y contando, pero para que no todo sea trágico dejamos este vídeo que habla sobre la extinción de la mano, o garra, de alguien que sabe mucho sobre ella:



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