Trouble so hard: En contra de la esclavitud

Actualizado: 31 dic 2021


Rich-Johnhain | Pixabay
Rich-Johnhain | Pixabay

La música como medio de denuncia tiene en TROUBLE SO HARD, uno de sus mejores logros.


El tema, que popularizó VERA HALL, repetía, como si fuese un mantra, las palabras que cantaban los esclavos afroamericanos en los campos del norte de América, trabajando de sol a sol.


Hoy, y desde 1985, se celebra el DÍA INTERNACIONAL DE LA ABOLICIÓN DE LA ESCLAVITUD, y este himno nos recuerda como la ASAMBLEA GENERAL DE LA ONU firmó, en 1949, un convenio para LA REPRESIÓN DE LA TRATA DE PERSONAS Y DE LA EXPLOTACIÓN DE PROSTITUCIÓN AJENA.


Una práctica deleznable y que, sin embargo, en nuestro tiempo se sigue ejerciendo.


En nuestros recuerdos de la infancia estaba normalizado ver “películas de romanos” en donde los esclavos eran vendidos en subastas públicas, completamente desnudos y con una información que alguien recitaba, o que ellos exponían y, como si se tratase de elegir cereales en una estantería del supermercado, unos compradores, se llevaban a casa.


Otras veces eran los indios que caían en manos de los confederados, o las historias de campos de concentración donde los nazis utilizaban a los judíos para hacer los trabajos más míseros, y así hasta la enésima.


Hoy se podría pensar que la esclavitud es una cosa de países pobres: niños abandonados por sus familias que tienen que ejercer “de lo que sea” para sobrevivir, sueldos indecentes en fábricas atestadas de personas trabajando en condiciones infrahumanas para sacar adelante producciones de marcas del primer mundo, ofrecimientos sexuales en calles atestadas de basuras u órganos mutilados para ser vendidos a quien los pueda pagar en hospitales ricos.


Zonas donde tu supervivencia, tu alimentación, tus posibilidades de educarte, o tener siquiera una vida, forman parte de las decisiones gubernamentales o de grandes corporaciones que utilizan el abuso como campo de juego donde tu existencia depende de otra persona y donde, en cierta manera, pasas a ser propiedad de esa otra persona.


Según la ORGANIZACIÓN MUNDIAL DEL TRABAJO, y el ÍNDICE GLOBAL DE ESCLAVITUD, más de 40 millones de personas están obligadas a trabajos o matrimonios forzosos (otras formas de esclavitud moderna), siendo las mujeres y las niñas las más afectadas, especialmente para el servicio doméstico y la industria del sexo. Y, por ejemplo, una importante cantidad de hombres en Latinoamérica son objeto de trabajos obligados en talleres clandestinos, venta ambulante, fábricas y agricultura según la GLOBAL HUMAN RIGHTS DEFENSE.


En el mundo hay más de 150 millones de niños sujetos al trabajo infantil, o lo que es lo mismo, 1 de cada diez niños.


También son reclutados para su uso en conflictos armados, como de una forma muy brillante retrata VOCES INOCENTES, un film de LUIS MANDOKI, imprescindible para entender el dolor de los niños soldados en El Salvador o INVISIBLES, donde se retratan a esas personas que nadie quiere ver, especialmente en BUENAS NOCHES, UOMA de FERNANDO LEÓN DE ARANOA donde expone como en el norte de Uganda los más pequeños se vigilan para no ser raptados con el fin de ponerlos a las órdenes de bandas militares.


O las personas que pertenecen a castas, minorías o pueblos indígenas, que sufren el desprecio y la discriminación hasta ser convertidas en vulnerables al servicio de otras.


Y todo este dolor, rabia, pena o injusticia, parece no ir con nosotros, al mirar para otro lado cuando, después de durísimas imágenes durante semanas abriendo todos los telediarios, nos olvidamos de la situación que se sufre en lugares como AFGANISTÁN, CUBA, BRASIL o VENEZUELA, donde hombres y mujeres se sienten esclavos de un régimen, de una religión o de una forma de sometimiento social.


Pero no se vaya a pensar sólo en estas formas evidentes de esclavitud.


La esclavitud financiera que hace que unos países controlen a otros, que un modelo del dinero haga que unas clases sometan a otras, o que no se pueda acceder a una democratización de la riqueza, son maneras más sofisticadas pero muchas veces con resultados similares.


Las COLAS DEL HAMBRE, provocadas por el COVID19 en países del primer mundo, muestran la fragilidad de nuestros modelos económicos, o como la dificultad para acceder a fuentes de financiación, o el impedimento al crédito o a la inversión condicionan y hunden negocios, especialmente pequeños y medianos… O como la banca y las gigantescas fortunas niegan las criptomonedas, pero son expertas en ellas.


Todo esto ha de cambiar.


La POSTVERDAD, la excusa del beneficio empresarial por encima de cualquier argumento que suponga un beneficio a la Comunidad, o el éxito de EL JUEGO DEL CALAMAR, donde se expone como la deuda económica puede convertirse en un juego de dominación y muerte o EL CUENTO DE LA CRIADA, y su futuro distópico, presentan formas más sutiles, pero extremadamente cercanas, de esclavitud.


Incluso el último anuncio de PEPSI, que nos pide elegir lo mejor al margen de lo establecido en el vestir, que estudiar, como amar, o hasta que beber… para situarnos en esa fantasía consumista ideal que te dice: compra mi marca, nos hace pensar si realmente tenemos la libertad de hacerlo.

Los juegos del poder remiten siempre al dinero, y en SENSEI creemos que LA SINGULARIDAD CANARIA puede ayudar a eliminar barreras que potencien el talento y un mayor equilibrio en ese reparto de la riqueza al que todo el mundo debería tener acceso.


El dinero, en cualquiera de sus formas, ha sometido a unas personas por encima de otras y, como ya decíamos en otro post, cuando se tiene que celebrar el día de “algo” es porque ese “algo” va mal y aún permanece.


¿Cuál es la forma de acabar con la esclavitud? ¿Hay alguna receta definitiva? ¿Se nos puede considerar como seres humanos cuando somos capaces de perpetuar esta práctica?


Preguntas con respuestas inciertas.


MOBY hizo una versión de TROUBLE SO HARD, y es bueno que las nuevas generaciones la conozcan.


Los años pasan y, como decía la canción del principio, los problemas siguen siendo muy duros.


Este artículo ha sido escrito por PAT KENNE y SAM WHEAT, y creen que la lucha contra la esclavitud es algo de 365 días al año.

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