Sapos


Potatoes_Alexa_Photos | Pixabay
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¿Alguien sería capaz de imaginar a GUSTAVO, cual serial-killer, asesinando cruelmente a una patata? ¡¡¡Imposible!!! Precisamente porque la brillantez de ese personaje es haberle dado la vuelta a la imagen de un batracio presentándonos a un ser delicioso, cariñoso, respetuoso con el resto, interesado en la información, pero como fuente de conocimiento y no como arma arrojadiza.

Es lo mismo que convertir a una rata en el mejor chef de Paris (la base de esa obra de arte llamada RATATOUILLE).

Este post se podría haber dedicado igualmente a esos malditos roedores, aunque como tienen peores referencias, nos decidimos por los sapos, por eso de ser un poco más benevolentes.

Cuando hablamos de sapos, y más dentro del mundo empresarial, nos estamos refiriendo a ese tipo de personas que si serían capaz de matar, y no precisamente a una patata, al menos simbólicamente, destrozando un negocio desde fuera, o desde dentro, inventándose cualquier tipo de maldad con tal de hacer daño, interesadamente o no.

¿Y cuáles serían las razones de semejante destrozo?

Vayamos primero a analizar al SAPO COMÚN porque gracias a sus rasgos existenciales podemos llegar fácilmente a identificar características que le son comunes a los sapos-humanos:


  • Caminan más que saltan. Incluso podría dar la sensación de que se arrastran o hacen el mínimo esfuerzo para avanzar.

  • Son torpes.

  • Se esconden a la luz del día y salen a la noche, protegiéndose con la oscuridad.

  • Su piel está cubierta por glándulas granulares poco atractivas, produciendo un cierto asco.

  • Suelen aumentar de tamaño para ahuyentar a los que consideran depredadores o sus "enemigos", y así se hinchan para dar más miedo.

  • Su sistema de defensas es muy ligero, y una de las pocas maneras que conocen de protegerse es por medio de un veneno (BUFOTOXINA) que segregan como antibiótico (para prevenir enfermedades propias) y como antiséptico (para destruir gérmenes que les pueden atacar).

  • Curiosamente viven mejor en cautiverio (35 años) que en estado salvaje (10 años), y suelen hacerlo en zonas encharcadas.

  • En contraposición, son buenos aliados de los jardineros y suelen “comerse” a esos pequeños animalitos que pueden molestar en el jardín, es decir, actúan como si fuesen un insecticida.

Ahora ya podemos analizar el SAPO INTERNO DE LA EMPRESA:


Frog-Openclipart-Vectors | Pixabay
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Por lo general son ese tipo de compañeros y compañeras a las que le aplica perfectamente el dicho de “con amigos así no hacen falta enemigos”.

Puede parecer que están hibernando cuando brilla el sol o, lo que es lo mismo, en la jornada de trabajo, pero aprovechan cualquier momento para, desde el lado más sucio y oscuro, con nocturnidad y alevosía, “contar” sobre los demás, llevando y trayendo chismes sin justificación o utilizando esas invenciones a su favor, y en contra del resto.

Son muy básicos y de los que, “sin querer”, se les escapan comentarios del tipo de “Pues, alguien ha dicho, que el enlace sindical llega todos los días dos horas tarde” o “Lo mismo habría que monitorizar el ordenador de Pepita porque parece que hace la compra en horas de trabajo” o “¿Alguien ha repasado estos sumatorios? Porque a mí me salen otras cifras” o… y así hasta el infinito.

A pesar de su torpeza, ya han conseguido lo buscado: crear mal ambiente y tensión.

Como el sapo animal, siempre preferirá estar bajo los barrotes de una oficina, y con órdenes de cualquiera, a tener que enfrentarse a una vida donde tenga que luchar en la ciénaga (básicamente porque tendrá que enfrentarse a su competencia) para conseguir algo, y también porque sabe que en ese caso su supervivencia será más corta.

La inteligencia no es su principal don, y se les descubre fácilmente. Otra cosa es que las jerarquías lo protejan para cubrir el porcentaje de bulos con los que cierto tipo de empresarios mantienen a raya a algunos de sus trabajadores.

La lealtad tampoco es uno de sus fuertes, y hoy pueden votar para que seas el “empleado del mes” y mañana inventar la categoría de “la garrapata del año” para que también te lo otorguen.

También los acompaña la falta de criterio, porque no es que tengan una estrategia, se trata simplemente de hacer mal por hacer mal, eso que se conoce como "mala baba".

En esta misma categoría estarían quienes se sienten grandes hinchándose de razones, generalmente falsas.

El ejemplo más evidente: Esos mentirosos y abusadores de los que tienen menor tamaño en la escala laboral, a los que tratan con desprecio (por ejemplo: el personal de la limpieza, de servicios, o con segundas categorías, tan necesarios como los de primera pero que para ellos ni existen).

Los sapos contaminan cualquier buena estructura de negocios y funcionan como esa pareja tóxica que ni vive ni deja vivir, con la malsana intención de hacer saltar el equilibrio por los aires y provocar situaciones de estrés más allá de lo aceptable, creyéndose con el derecho a que se les tiene que dar todo o si no, como si fuesen bebes caprichosos, lo tiran por el suelo, cargando contra quien sea, creando huecos en la realidad para provocar dudas sobre los demás.

Generalmente vienen de otras charcas empresariales similares, aunque sus faltas siempre se deben a “otras y otros” porque, cual quejumbroso CALIMERO, nunca les entendieron.

De hecho, existe lo que se conoce como EL SÍNDROME SAPO y que engloba las cuatro habilidades que destruyen el clima laboral:

  1. Soberbia.

  2. Arrogancia.

  3. Prepotencia.

  4. Obstinación.

El Síndrome Sapo lo reconocemos fácilmente en esos ejecutivos que difícilmente cambian de opinión y sólo dan por válido lo suyo.

Curiosamente, tienen poca capacidad resolutiva y esperan, ante problemas o inconvenientes, que se los solucionen otras personas, aunque con el tiempo se olvidan y dan como suyas esas respuestas.

El trabajo en equipo lo entienden como subordinación al servicio de su opinión y, generalmente, no aceptan la crítica, y si lo hacen será para destapar más tarde los lobos con piel de cordero que llevan en su corazón.

Igualmente, utilizan el lloro de forma profesional, y aun siendo responsables de su propia gestión, siempre la achacan a esas otras personas que tienen cerca, sin darse cuenta ni tan siquiera.

Si tienen que exponerse públicamente, serán los generadores de cualquier mérito (exagerándolo hasta la enésima potencia, claro está) y las víctimas de cualquier cosa que no hayan sabido resolver, cuando en realidad son verdugos en lo que desde el punto de vista médico, y en el mejor de los casos, se conoce como EL PESO DE LA HERIDA ABIERTA, por cicatrices que no se han curado, debido al abandono o el abuso sufrido por estos personajes seguramente en otro tiempo, y que generan, ante su impotencia esos sentimientos y formas de actuar con resentimiento, ira y vulnerabilidad.

Y ahora es el turno del SAPO EXTERNO DE LA EMPRESA:


Frog-Michael Hourigan | Pixabay
Frog-Michael Hourigan | Pixabay

Suelen ser esos sujetos y sujetas que, creyendo contar con excelentes sensores, aprovechan oír las primeras gotas de cualquier lluvia, para diagnosticar la peor de las tormentas, aunque se trate de que el empresario ha decidido poner una piscina para disfrute de su equipo o ha colocado un jardín vertical para hacer todo más agradable a la vista.


Se pueden identificar con un tipo de prensa “especializada” capaz de elucubrar cualquier teoría, o sentenciar cualquier acción, como si fuesen jueces, sin acudir a la auténtica fuente y guiándose de cualquier otra que le permita asentar sus ideas preconcebidas, sea porque así ha decidido inventárselas (creyéndose que en lugar de periodismo hace novelas de terror, ciencia-ficción o comedia sin ninguna gracia) o porque obedece al pago que le hacen otras personas o empresas interesadas en eliminar al negocio criticado, o simplemente para rellenar hueco porque algo debe escribir. ¡Cualquiera sabe!


En el mismo orden estarían quienes, desde sus puestos inamovibles de la Administración, en lugar de facilitar el buen entendimiento, boicotean cualquier facilidad para empresas o personas y, por poner un ejemplo surrealista, si no conoces una normativa en particular publicada en el BOE hace quince años (y que igualmente en su ventanilla desconocen) pueden destruirte sólo con la mirada y un impreso que jamás encontrará su lugar.


También podríamos incluir a esa clase política que, más que trabajar para sus votantes, trabaja para los mandamases de sus votantes, o para si misma, obviando el origen etimológico de su propia definición, es decir, lo político como adjetivo que distingue a los ciudadanos en una convivencia cívica y agrupándose en estrategias y movimientos por el bien de toda la comunidad.


O esos grandes potentados que son capaces de manipular un mercado jugando con el valor de determinadas acciones para hacer que el valor baje, puedan comprar a otros, y después lo puedan revalorizar, es decir, los que hacen de la manipulación un método de negociación y beneficio.


Y podríamos seguir y seguir, recordando a instituciones financieras que son capaces de inventarse una crisis financiera para continuar ganando, o creadores de fake news que cambian el orden natural de las cosas, o… o… o… (añadan ustedes lo que mejor consideren).


No perdamos la esperanza, y como en los mejores cuentos, lo mismo aparece un príncipe o una princesa (o cualquier lacayo o lacaya, en caso de no ser monárquicos) que despierte sapos de su mundo de odio y destrucción, y los transforme en repartidores equitativos de la riqueza, defensores del planeta y de sus gentes, o meramente humanos y humanas que son capaces de llevar las buenas formas a sus vidas y sus empresas, aunque sea a regañadientes.


Siempre hay un futuro, y aunque exista esa creencia de que los sapos forman parte de esos hechizos de brujas que originan maldiciones milenarias, siempre podemos encontrar a alguna de esas brujas que no ha pasado por MASTER CHEF y, despistada, gire todos los prejuicios y convierta a estos animalitos en portadores de lo mejor.


Nunca es tarde si la fantasía es buena.

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