¿Quién controla el gas?

Actualizado: 1 feb


Flame-Magnascan | Pixabay
Flame-Magnascan | Pixabay

Desde el desmantelamiento de la URSS, Rusia busca, una y otra vez, controlar a los países vecinos, utilizando históricamente todo tipo de excusas.


En realidad, se trata del control de mercados estratégicos, esenciales tanto para la economía rusa como para la europea.


Rusia intenta imponer sus reglas del juego en los suministros de las materias primas que son esenciales para los europeos y los europeos, en el mejor de los casos (como el caso de Alemania que depende en gran parte de ese abastecimiento) aplican sanciones económicas, más o menos fuertes, dirigidas básicamente a estrangular con presiones la actividad productiva de los rusos, tensionando las relaciones cada día más.


Al final: elevación de los costes productivos, y vuelta a empezar.


Estando así las cosas, ¿Cuánto nos puede afectar la crisis-guerra entre Rusia y Ucrania o con otras zonas limítrofes?


Mucho.


Una de las materias primas esenciales, en las que Rusia tiene mucho que ganar, y de la que esos países amenazados de invasión tienen mucho que perder, es el GAS.


En primer lugar, busca suministrarse internamente; en segundo, controlar el mercado energético de la zona y, por último, elevar precios contra Europa o congelarla (con falta de suministro) y esto, en pleno invierno, es algo más que grave.


¿Qué pueden hacer los europeos?


¿Callar ante la invasión?


Independientemente de cómo se disfrace, lo que se pretende es colocar un gobierno títere, con la excusa de las horribles revueltas motivadas, en principio, por la subida de la luz, pero los europeos no pueden mirar para otro lado porque supondría no atender a los acuerdos firmados entre unos y otros.


No es posible... aunque se dan diferentes voces, por ejemplo, dentro de la OTAN donde, según la dependencia en los suministros, son más o menos suaves.


¿Presionar duramente a Putin?


Inviable.


Además de provocar el mayor enfado de un ególatra, con sus consecuencias irracionales, el presidente de Rusia es un buen estratega y sabe jugar sus cartas.


En los últimos años ha aplicado una política de intervención absoluta en la economía de su país, devaluando, por ejemplo, el rublo (lo mismo que hacen otros en otros países sudamericanos), logrando una autosuficiencia que sufren sus ciudadanos, pero permite al país estar menos preocupado por la potencial intervención de terceros o esas famosas penalizaciones.


¿Buscar alternativas de suministro?


Misión imposible, por más que, por ejemplo, se estén buscando otros proveedores.

El problema de las provisiones de gas es más serio de lo que parece y otras zonas a las que se acudía para comprar, como Argelia, tienen otras dificultades (aunque eso es motivo de otra discusión).


¿La alternativa son las energías verdes o renovables?


Curioso que Europa, en contra de todas las opiniones expertas, haya pasado a considerar al Gas como energía renovable, pero no por eso van a ir a mejor las reservas, el tráfico, el mercado o la capacidad de utilizar esta energía.


Las energías verdes están, literalmente, aún muy verdes. Y se necesita algo más para cubrir todas las necesidades.


Todo insuficiente.


¿Qué soluciones se buscan?


Difícil encrucijada que, como todas las guerras de mercados (es en realidad de lo que estamos hablando), se resuelve con sangre y crisis económicas.


El eje está en la energía, y de hecho Estados Unidos amenaza, al igual que Europa, con esas sanciones si se corta el servicio de gas, pero ¿sirven realmente de algo esas sanciones?


Las sanciones no tienen nada que ver con la libertad, ni con que un territorio se anexione a otro, o controle sus poderes (meras excusas).


Si el arma de negociación es la energía, la economía europea se verá muy dañada, los bancos pondrán más problemas para facilitar financiación ante una nueva crisis al ver como los precios de todo se dispararán, y la inflación se verá afectada.


¿Y cuál es la razón por la que Estados Unidos entra en el juego?


Según parece, no quiere una Europa desestabilizada, en crisis económica, y sin capacidad para hacer negocios con América, además de todas las empresas en las que tiene algún tipo de interés.


Esa preocupación puede que no sea tan extremadamente preocupante porque, ante la falta de suministro ruso-ucraniano-turco, los americanos han multiplicado por cinco las ventas de su gas natural licuado durante el mes de enero (aunque, evidentemente, siguen sin cubrir las peticiones de todos).


La peor amenaza pasa porque Estados Unidos quiere expulsar a Rusia del sistema internacional de pagos, de manera que su moneda no sirva absolutamente para nada, llevando a una confrontación similar a la de la GUERRA FRÍA, con la intención de ahogar a la economía rusa, creando un estado de alarma nacional con consecuencias inimaginables.


Ucrania, precisamente, está solicitando ENTRAR EN LA UE simplemente para poder salvarse de todo este juego de tronos.


Al fin y al cabo, Putin, busca, además de todo esto, una venganza muy humana:


Si vosotros obligasteis a que nuestra omnipresente URSS se convirtiese en una amalgama de países sin el poder que se tenía en la Rusia gigante, voy a hacer lo mismo: producir crisis en todos los países, con cualquier medio que tenga a mi alcance, y hundir el concepto de Unión Europea, para después vender mi producto, como yo quiera y al precio que yo quiera.

Como diría JEAN-LUC GODARD:


Sálvese quien pueda, la vida.

Una venganza pueril, pero venganza, al fin y al cabo.


Tan humano como respirar.


¿Y cómo se recibe todo esto en España?


Si la crisis de la luz está produciendo desajustes en toda la economía española, la crisis del resto de suministros energéticos no va a ser menor, sino todo lo contrario.

Nos vamos a referir sólo a la banca:

  • La subida de los tipos de interés se une inevitablemente al gas, puesto que la mayor parte de los estados europeos dependen de la producción rusa, por más que se “venda” como inflación por el encarecimiento de la vida en la zona euro (que es lo que se comenta en los medios que llegan al público no especializado).

  • Tenderá a protegerse a sí misma, lo que no quiera decir que proteja a todos sus clientes por igual.

  • Si hace años las subprimes fueron las supuestas causantes de la debacle financiera a nivel mundial, y todos los bancos tuvieron que ser rescatados por los Estados ¿no será el gas ahora el causante de otra crisis? ¿Puede España afrontarlo?

¿Qué vamos a hacer?

De momento la alternativa de buscar energía en otros planetas está siendo diseñada, pero no está disponible.

La apuesta por otras energías renovables pasa por un pacto con los grandes poderes que ven como sus empresas (las contaminantes y las que no) pueden perder mucho, y por lo tanto no están muy por la labor, a menos de que vean ingresos futuros con más sustancia en otros negocios.

Además, a día de hoy, un gigantesco porcentaje de la energía viene del petróleo y derivados, y las renovables conocidas no son suficientes para una transición amable.

La ciencia investiga en innumerables vías, para lo que es imprescindible invertir en ello, pero la prioridad no está puesta en ese foco.

¿Puede que se esté pensando en el decrecimiento controlado para poder dar lo poco que se tenga a quien quede? ¿Ciencia-ficción, ficción científica, conspiracionismo o terror inminente?

Podemos estar hablando continuamente de los ODS, y que queremos un mundo más sostenible, con otras energías, y más equitativo, pero mientras los gobiernos no legislen pensando de esa misma manera, se dediquen más recursos a la investigación, y la riqueza se distribuya de otra manera, será muy difícil que no haya “más de lo mismo” y se reproduzcan modelos de enfrentamientos continuos, en lugar de modelos de colaboración y respeto.

Los valores en los que se asienta SENSEI deberían ser los mismos de cualquier acuerdo sobre la energía, o sobre cualquier otro acto que permita la supervivencia del planeta.

De otra manera, el conflicto ruso-ucraniano es, como otros muchos: la punta de los icebergs que un día se derrumbarán, y aflorará lo imposible como algo más que real, donde se encuentra el fin de todo.

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