¿Por qué matas?


War-Alexas_Fotos | Pixabay
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¿Te has parado a pensar un solo minuto lo que sería ver a uno de tus hijos o hijas, a uno de tus sobrinos o sobrinas, a uno tus vecinos o vecinas, con apenas 5 años enfrentarse, entre lloros, a un soldado mientras le pregunta porque mata?


¿Sabrías tú darles una explicación?


Vivimos en un país donde, más allá de la crispación política, los problemas de la luz, del precio de las cosas, de la pobreza ignorada, de la insolidaridad, de los parones del transporte, del abastecimiento, de las corruptelas o el aprovechamiento de ciertas personas sobre otras, o de las diferencias, aún no tenemos que pasar por situaciones así.


Y decimos aún porque la amenaza es permanente y en cualquier lugar del planeta.


Estamos en medio de un fuego cruzado donde hay quien no tiene problema en utilizar cualquier artillería con tal de apuntarse un tanto.


Hoy es Putin, sin duda un carnicero sin escrúpulos, al igual que en otros momentos, los mismos que le acusan, tiraban bombas o destrozaban otros cuerpos por el control del petróleo, o dejaban en la intemperie a mujeres que ya nunca más podrán volver a trabajar o estudiar porque viven en un país donde el fanatismo religioso no se lo permite, mientras, sus antiguos países "amigos" echan la mirada hacia otro lado. Sin olvidar que hay que poner sobre el tapete OTROS PAÍSES de los que no se habla y que igualmente sufren o han sufrido una SITUACIÓN SIMILAR.


Lo mismo lleva razón el politólogo PAUL POAST cuando habla de las guerras de las finanzas y comenta:

Al mirar el 24 de febrero de 2022 en el futuro, los historiadores podrán decir que allí no solo comenzó la invasión del territorio ucraniano por tropas rusas, sino también la Tercera Guerra Mundial.

Las buenas palabras, los actos de apoyo están muy bien, y toda ayuda es poca, pero hay que buscar una solución total.

Estaría muy bien que alguien supiese responder a ese crío sollozante, armando del valor, que no tiene ese asesino por encargo.


Si, asesino por encargo, al que habría que añadir, sin conciencia clara de la razón por la que le han enviado a esa guerra. Por eso quizás no sepa que responder. A lo más, para no pensar, se dará la vuelta y pensará, o en cambio, se levantará y le disparará al niño, o a su madre, o a su osito de peluche, porque a alguien tiene que quitar de en medio. Y en algunos extraños casos se darán cuenta de la realidad que se vive en el campo de batalla y dejarán las armas sabiendo que muy probablemente no podrán volver a su país después de esa decisión.


Dediquen un minuto a pensarlo. Porque es la imagen más evidente de la indecencia que envuelve los conflictos con sangre.


Como si confluyesen momentos a un mismo tiempo, mientras nos reuníamos para plantear como solucionar un tema esencial de la empresa, asistimos a un acto curioso y, muy revelador, de cuál es el pulso del planeta ante estas situaciones.


Una adolescente, sentada cerca, pedía que se bajase el volumen de un televisor donde se daban noticias de la guerra de Ucrania, diciendo que todo eso ya lo había visto mil veces en sus videojuegos.


Nos preguntamos entre nosotros si estamos criando una generación sin empatía alguna por el dolor ajeno, o si era el hastío ante la sobreinformación lo que producía ese rechazo, porque era “más de lo mismo” día a día, sin otro punto de vista que pudiese llamar la atención sobre el terror que estaba sucediendo.


La discusión se centró en comentar la influencia de los videojuegos, pero enseguida lo dejamos, porque era algo baldío: Cuando éramos pequeños también jugábamos a indios o vaqueros, y no por eso queríamos ir cortando cabelleras por ahí, o considerábamos a los indios inferiores.


Lo mismo era un tema de cultura o de educación, y ahí que estábamos más de acuerdo, aunque no la mayoría.


Después entramos en poner en tela de juicio a los medios, o a esas apps en las que no analizan en profundidad lo que pasa porque todo se resume en contar con un mínimo de palabras algo que llamase la atención y te den muchos “likes”.


Todo un poco maniqueo, la verdad. Porque caíamos en tópicos, y además podía ser o no, porque precisamente uno de nuestros colaboradores más jóvenes, y a través de TIKTOK, la red más joven, y aparentemente la más frívola, se mantenía en contactos con personas de su misma edad, e incluso menores, que contaban que es lo que estaba pasando, y de hecho, con él escribimos EL CONTINUO EFECTO MARIPOSA: UCRANIA, uno de los posts más sensibles, sinceros y comprometidos que hemos publicado.


¿Qué pasaba entonces con aquella chica que prefería jugar a RAINBOW SIX SIEGE, un videojuego sobre combates a muerte y destrucción, antes que saber que los ángulos de tiros, las casas destrozadas, los hospitales volados por los aires, o los mapas con subterráneos protegidos, estaban delante de sus narices, que eran reales?


En el DÍA MUNDIAL DEL TEATRO, celebrado el 27 de marzo, el director de ópera y teatro PETER SELLARS, de origen estadounidense, invitado por el ITI comparte sus pensamientos sobre este arte y la cultura de la paz, siguiendo la tradición que en 1962 se había iniciado con JEAC COCTEAU, y que sin duda merece LEERSE, porque habla con claridad de que vivimos en el filo del tiempo, en un mundo abrumado por las campañas de prensa masivas, experiencias simuladas y pronósticos terribles, haciéndose muchas preguntas, para finalmente hacer una reflexión muy necesaria, en su caso desde el teatro, y que todos podemos trasladar a cualquier otro lugar o cualquier otro espacio:


Este es un tiempo para un profundo replanteamiento de nuestras mentes, de nuestros sentidos, de nuestra imaginación, de nuestras historias y de nuestro futuro. Este trabajo no puede ser realizado por personas aisladas trabajando solas. Este es un trabajo que necesitamos hacer juntos.

También hemos asistido a un momento muy especial donde invitados por un grupo de niños enfermos teníamos que hablar de la guerra. El tema lo habían propuesto ellos mismos.


Todo liderado por un crío con 5 años y una leucemia que seguro que si tuviese otra edad y se dedicase a la investigación la superaría. Eso deseamos.


Para poder contárselo les compramos unas pistolitas de juguete, transparentes, para que se viese que llevaban dentro una tinta de color rojo, y muchos claveles.


La intención era poderles explicar lo que fue LA REVOLUCIÓN DE LOS CLAVELES, y como unas flores, puestas en la punta de mucho armamento, hizo que se diese la vuelta a la tortilla y los asesinos, que no sabían ni porque tenían que matar, dejasen de amenazar con hacerlo para unirse a aquellos a los que tenían que aterrorizar.


Los niños y niñas que están todo el día encerrados, y que no ven ni la tele, ni pueden jugar a muchos juegos, lo entendieron a la primera, y les pareció de lo más lógico todo.


No llevamos pistolitas para cada cual, solo para la mitad, para que una parte hiciese de “quienes tenían pistolas para matar", y la otra parte de "quien iban a sufrir los disparos".


Lo cierto es que no les hizo la menor gracia, ni ponerse ni en una posición ni en la otra, especialmente porque ese liquido rojo les recordaba a la sangre, que para ellos es vida.


Hicieron muchas preguntas, sobre cuándo se acabaría todo esto, de cómo se iban a reconstruir esas casas, o cómo la gente iba a volver a su país, o no; o quien se encargaría de hacer todo y si iban a ganar dinero con ello o lo harían también para ayudar; o que pasaba con los que se habían muerto, si luego volverían a estar vivos como en los videojuegos, aunque quien hizo esa pregunta fue enseguida reprendido, porque allí si se sabe que con la muerte no se juega.


Al final del encuentro, la pregunta fue la misma que la del niño enfrentado al soldado: “¿Y porque matan?”


Les contamos la verdad, la misma que aparece en nuestro post sobre LAS VENAS ABIERTAS DE LA PAZ. Una de las niñas enfermas dijo “Que bonito habla ese señor mayor”.


Todos y todas prometieron que ellos jamás harían guerras.


Sencillo.


Incluso el pequeñajo dijo, que aunque había algunos que no eran sus amigos, y que tampoco le perdona a otro que le había quitado a la novia (si, aquí también se dan esas historias, jejeje) que nunca le haría la guerra.


Sólo deseamos que este post lo pueda leer esa adolescente que tanto le gusta el RAINBOW. Lo mismo debía hablar con esos chiquitines y así ella, como todos esos que prefieren jugar a matar en lugar de entenderlo, aprenden algo.


Las guerras de hacen cada día, y en cada lugar, y sólo el dialogo, el respeto, el amor y la empatía hacen que desaparezcan.


Desde SENSEI apoyamos el “NO, A NINGUNA GUERRA”.

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