Negocios e inteligencia emocional

Actualizado: 1 ene


Emotional Intelligence-Geralt | Pixabay
Emotional Intelligence-Geralt | Pixabay

De forma habitual cuando se tiene que tomar una decisión sobre en que invertir o que financiar, se habla de una serie de elementos comunes:

  • El propio proyecto.

  • Sus responsables.

  • El histórico empresarial.

  • El Business Plan.

  • El sector.

  • La capacidad de desarrollo real.

  • La capacidad de recepción del mercado.

Importantes, y a tener en cuenta, pero tan esenciales como otros marcadores que hacen imprescindible una buena elección, y que en muchos casos se asocian a la inteligencia emocional:

  • Esquema de valores de las personas que inician el proyecto de inversión.

  • Sentimiento de las personas respecto a su proyecto.

  • Búsqueda última, además del éxito económico.

  • Implicación social del negocio o empresa.

  • Esquema de relación dentro de la empresa y/o negocio.

  • Capacidad de comprensión emocional y empatizar o negar la sintonía con terceros.

  • Capacidad de liderazgo y empatía con el equipo.

  • Respeto por las capacidades de los demás.

  • Presentación del Curriculum personal enfocado a la capacidad intelectual e imaginativa.

  • Otros intereses además de los meramente empresariales.

Por otra parte, la forma de aprender de quien expone o precisa el dinero, y de la misma manera, de los que ofrecen su dinero para el desarrollo de proyectos, es algo primordial.

En este sentido, el concepto de empresa, desde un punto de vista tradicional, está anquilosado, con ideas preconcebidas por triunfadores, y modos de desarrollo que, en muchos de los casos, llevan al fracaso.

Los libros-modelo del emprendimiento no presentan los claroscuros del negocio, presentando fórmulas que parecen hechas con ingredientes mágicos y que, en muchas ocasiones, se alejan de la realidad del día a día.

En más de una ocasión parecería que vienen a blanquear a dichos negocios, empresas o personas, o simplemente a presentar el éxito como un elemento más de marketing.

Son miles los emprendedores con un conocimiento extenso de su negocio, y con una nula capacidad a nivel empresarial, negándose a aplicar un pensamiento crítico, de manera que su engreimiento les hace ir a la deriva cuando se trata de poner los pies en el suelo y desarrollar su idea en el mundo real.

Tras un periodo inicial, incluso espectacular, es difícil mantener algunas empresas como negocios rentables.

El resultado es nefasto, y en muchas de las ocasiones simplemente viene determinado por la incapacidad de aprender de los implicados o de los propios inversores o financiadores.

En este punto es esencial el conocimiento de ciertas corrientes, que tienden a considerar la calidad de nuestro pensamiento, las acciones y decisiones que tomamos, y la forma en que afectan a la vida profesional, familiar, personal y social.

Son muchos.

Por poner un ejemplo:

LINDA ELDER, de la FUNDACIÓN DEL PENSAMIENTO CRÍTICO, presenta siete estándares intelectuales:

  1. Claridad: ¿Podría explicar o ampliar este asunto? ¿Podría dar un ejemplo? ¿Podría formularlo de otra manera?

  2. Exactitud: ¿Es eso cierto? ¿Se puede verificar? ¿Cómo se puede corroborar si es cierto?

  3. Precisión: ¿Se pueden ofrecer más detalles? ¿Especificar más? ¿Se puede ser más preciso?

  4. Pertenencia o relevancia: ¿Qué relación tiene con el problema? ¿Cómo afecta eso al problema? ¿Cómo nos ayuda con el asunto?

  5. Profundidad: ¿Qué hace de esto un problema particularmente difícil? ¿Qué complicaciones podrían surgir?

  6. Amplitud: ¿Se puede plantear este tema desde otras perspectivas o puntos de vista?

  7. Lógica: ¿Tiene sentido lo que planteamos? ¿Se ajusta a la evidencia?

A estos siete Estándares Universales del Pensamiento habría que añadir dos más a la hora de evaluar correctamente nuestros pensamientos:

  1. Importancia: ¿Qué datos son los más relevantes? ¿Hay otros problemas más importantes?

  2. Justicia / Imparcialidad: ¿Tengo un interés personal en este asunto? ¿Represento los puntos de vista de otros de forma justa?

Por un lado, tenemos los elementos que conforman el pensamiento y, por otro, los criterios para evaluarlos, pero para completar el triángulo nos faltan las habilidades y competencias que debemos desarrollar para realizar un análisis correcto de las partes del pensamiento:

  • Autonomía intelectual: Es que uno aprenda a pensar por sí mismo y se guíe de acuerdo a sus principios, respetando su dignidad humana. Implica un compromiso de analizar y evaluar las creencias tomando como punto de partida la razón y la evidencia; significa cuestionar cuando la razón dice que hay que cuestionar, creer cuando la razón dice que hay que creer y conformarse cuando así lo dice la razón.

  • Humildad intelectual: Es desarrollar la consciencia de los límites de nuestros conocimientos y el reconocimiento de nuestras equivocaciones. La humildad intelectual radica en reconocer que uno no debe pretender que sabe más de lo que realmente sabe.

  • Entereza intelectual: Este valor intelectual reconoce que hay ideas que, aunque las consideremos peligrosas o absurdas pueden estar justificadas racionalmente, en todo o en parte, y que hay conclusiones y creencias que nos han sido inculcadas que pueden ser falsas o estar equivocadas.

  • Empatía intelectual: Es distinguir los puntos de vista de los demás y colocarse en el lugar del otro para trabajar en un plano de justicia y equidad.

  • Integridad intelectual: Es la necesidad del pensador crítico por ser honesto en su pensar respetando sus convicciones individuales.

  • Perseverancia intelectual: Se refiere a la actitud perspicaz que debemos usar al enfrentarnos a la irracionalidad de otros.

  • Confianza en la razón. Confiar que los intereses propios y los de la humanidad estarán mejor atendidos si damos rienda suelta a la razón. Tener fe en que la gente puede aprender a pensar por sí misma, a construir visiones racionales, a llegar a conclusiones razonables y a pensar de forma coherente y lógica.

  • Imparcialidad. Ser consciente de que hay que tratar todos los puntos de vista de la misma forma a pesar de los sentimientos o intereses personales.

Es cierto, que muchos de esos emprendedores no entienden adecuadamente que es lo que se les quiere decir con todo esto.

Hay un proverbio árabe que dice:

Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación.

C. JOYBELL C, que se presenta A SÍ MISMA como ensayista filosófica, inversora, mentora... y otras muchas cosas más, y cuya obra ha sido citada por importantes personalidades, comenta respecto a la inteligencia emocional:


No tengas miedo de tus miedos. No están ahí para asustar. Están ahí para hacerte saber que algo vale la pena.

También la han apodado "El Batman de nuestros tiempos".


Síganla.


Será bueno para sus negocios, y para su inteligencia emocional.

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