Mario Cabrera


Mario Cabrera rodeado de sus sueños
Mario Cabrera rodeado de sus sueños

MARIO CABRERA se nos presentó con la intención de colaborar con SENSEI. Conocía a EDUARDO MEDINA, nuestro CEO, porque habían estudiado en el mismo colegio, y se seguían de cerca y de lejos.


Enseguida descubrimos que miraba de otra manera y, con un ordenador, un par de programas de edición, un buen sentido del ritmo, y bastante dedicación, era capaz de hacer un tierno homenaje a 10 años en un colegio mezclando buen gusto, un poco de ternura y canciones entonadas con más cariño y emoción que buena voz; o fabricar un "remake" de 30 segundos de DUELO AL SOL o insinuar un homenaje al cine mudo, utilizando unos videos de recogida de desperdicios para RECYCLE WALK.


Cuando nos confiesa que él quiere contar historias, lo cuenta desde la verdad. Y nosotros que nos alegramos:

Siempre me han entusiasmado las historias.
Según dicen, todas cuentan con un principio, un nudo y un desenlace… aunque en eso que llamamos vida, a veces el orden se modifica o falta una parte.
La mía empieza 23 años atrás.
El principio es maravilloso: Una infancia feliz, con padres estupendos que hicieron lo imposible para que no me faltase de nada, y me dieron todo su amor y cariño.
¡El amor! Siempre tuve alrededor mío. ¡Y como se valora cuando creces y escuchas como se han criado otras personas!
Yo vivía a las fueras, lejos de mi colegio, y mientras mis amigos me contaban como pasaban sus tardes jugando con otros niños en el parque, yo las pasaba solo, jugando o viendo la televisión.
Todo aquello tuvo un impacto directo en como soy hoy, pero todo lo lejos que uno puede imaginarse de ser triste. Exactamente lo contrario.
Mis tardes eran para disfrutar de las series maravillosas con las que se cuidaban a los niños de la época: HÉRCULES, LA SIRENITA, TARZÁN, ALADDIN
Recuerdo todo aquello con muchísimo cariño, y me encantaba vivir sus mundos como si fuesen míos. Aún se me ponen los pelos de punta al escuchar el mítico “Si a Arabia tú vas…” o el “Un ser, dos mundos son…” de las intros de esas series.
¿Y qué decir de POKÉMON o DIGIMON? Aún soy fan. No sólo me fascinaba su estética. Me mostrarnos valores que no sólo cualquier niño debería aprender, sino que cualquier adulto debería mantener. Entiendo perfectamente cuando PETER PAN tenía miedo a crecer y olvidarse de lo que era ser niño. Por suerte a mí, aún, no me ha pasado, y espero que jamás me ocurra.
Algunas personas me consideran un soñador. Seguro que son de esas que ya no recuerdan lo que eran de pequeños. Para mí es un cumplido.
Ya me lo decían cuando, con 7 años, vi LAS AVENTURAS DE SHARKBOY Y LAVAGIRL, un manual infantil perfecto de cómo ser un soñador, y donde las metas se cumplían con trabajo, esfuerzo y, claro está, soñando mucho.
ROBERT RODRIGUEZ, el director de la película, es para mí como un clásico. Ya sé que no es un ALFRED HITCHCOCK o un GEORGES LUCAS, pero en cada una de sus películas yo he aprendido una lección. En SPY KIDS 3, GAMER OVER (¡otro peliculón!), el villano es interpretado por SYLVESTER STALLONE (¡vaya actorazo!). Ha inventado un videojuego en que los niños se quedan enganchados mientras él así lo quiere, y lo hace bajo un lema que me dejo marcado “Quien controle a la juventud, controlará el futuro del mundo”. Para meditar, y diez años antes de que el famoso SWORD ART ONLINE explorase ese concepto.
Yo también quería explorar esos mundos fantásticos y enseguida sembraron en mí la semilla de crear mis propias historias, y no sólo para mí, sino para compartirlas con “esas generaciones que están por venir y que algún día serán las que dirijan el mundo”.
Mi sueño es crear series de animación que puedan disfrutar por igual niños, jóvenes o adultos, y pensar que todo empezó con mis juguetes, se podría decir que es una TOY STORY.
Mucho ayudo mi madre, también: cada noche me leía un cuento, estimulando aún más mi imaginación, creando un juego de sombras, de colores, de personajes, de principios, nudos y desenlaces que, en mi cabeza, aún yo no le sabía poner nombre, pero que pronto supe que eso se llamaba "crear".
Los años fueron pasando y todo siguió el curso que tenía que llevar.
Siempre me he considerado una persona inteligente, pero también soy consciente de mis flaquezas.
No soy buen estudiante.
Tenía dos dificultades a superar, y aunque no eran agudas, sí que pusieron esos palos en las ruedas de aprender que me hicieron ir un poco cuesta arriba.
Hablo del TDA y la Dislexia. Aprender o escribir era bastante complicado para mí. Mis exámenes en primaria eran una sopa de letras. Estaban llenos de faltas de ortografía, aunque me supiese las reglas ortográficas a la perfección.
Con mucho trabajo, y con años, he aprendido a lidiar con esos desafíos del día a día, y le he sabido sacar provecho a estos trastornos.
Es cierto que sigo comiéndome letras o poniendo “h” donde no hay… pero ¿Quién dice que ese no puede ser el inicio de un maravilloso relato?
Con el TDA pasó algo parecido: focalizar la atención hacia una tarea en concreto es algo que me cuesta horrores, pero me he ido adaptando, aunque para fomentar la imaginación, y que corra libre, la capacidad de saltar en un segundo de un pensamiento a 25 pensamientos diferentes, es un tesoro que ayuda mucho a sacar ideas para crear nuevos mundos e historias.
Lo importante es no dejar que esos baches nos detengan.
Al llegar a Bachillerato todo era incertidumbre.
Mi admiración por mi padre era enorme y, como él, quería ser médico o dentista, pero el tiempo me vino a decir que no era el camino para mí.
Fue una decisión muy complicada, la mente me decía “estudia odontología, se cómo tu padre” y mi corazón gritaba “no des la espalda a lo que realmente te ha gustado desde siempre”. ¿Fue difícil? Sí, pero no me he arrepentido ni un solo segundo de mi vida de haber escuchado a mi corazón en aquel momento.
Lo que de pequeño hacía en mi habitación se transformó en historias que comencé a interpretar como actor delante de un público o frente a una cámara.
Con 18 años hice mis maletas, me despedí de mi familia y me fui a vivir a Madrid.
Quería hacer un doble grado en COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL y ADMINISTRACIÓN Y DIRECCIÓN DE EMPRESAS. Quería contar mis historias (lo he dicho ya un millón de veces, ¿verdad?), pero también tener mi propia empresa y poner los medios para hacerlas realidad.
Durante estos últimos 5 años la vida ha dado giros bruscos, de esos que dejan cicatrices en tu mente que tardan años en desaparecer.
Pero también me han servido para comprobar lo fuerte que soy en realidad, y que realmente no importa cuantas veces caigas, lo importante es volverse a levantar una y otra vez para seguir luchando por tus sueños.
Como aprendí en MOBY DICK Y EL SECRETO DE MU: “El valiente no es aquel que nunca tiene miedo, el valiente es el que, aun teniendo miedo, no deja que este le frene en su empeño”.
El final de una etapa se acerca, pero mi historia no ha hecho nada más que comenzar, ni siquiera hay un nudo todavía… y menos, un desenlace.
El próximo capítulo luce prometedor… Pero solo el tiempo lo dirá.
Por mi parte me siento con más fuerzas y más decidido.
Necesita encontrar maestros y por suerte se puso en mi camino EDUARDO MEDINA y SENSEI. Habíamos sido compañeros en el colegio, y él ahora tenía una empresa.
Me invito a estar cerca y descubrí guías y maestros, que te enseñan valiosas lecciones de vida, sin dártelas expresamente.
En SENSEI he visto la oportunidad de aprender.
Por mucho entusiasmo que se tenga, si no se focaliza, si falta la guía y el conocimiento que solo un maestro puede proporcionar, no se va a ninguna parte, por eso ¿Quién mejor que SENSEI?
En SENSEI se comparten los mismos ideales que yo tengo. Por eso tome la decisión de subirme a este barco. Solo espero que con mi trabajo duro y esfuerzo pueda agradecerles las valiosas lecciones que me dan, y muy probablemente me sigan dando.
Y mientras tanto sigamos contando historias.
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