La incertidumbre en la empresa


Pacman-Maria_Alberto +Ninjas-Clker-Free-Vector-Imagen Pixabay
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La única regla innegable universal es que todo es incierto y la empresa no se encuentra ajena a esta incertidumbre.

La incertidumbre se define como la falta de seguridad, de confianza o de certeza sobre algo, especialmente cuando crea inquietud.

Huir de la incertidumbre es algo natural, y más cuando nos guía el afán de supervivencia, de manera que recurrimos a medios que nos faciliten seguridad.

En los tiempos antiguos el mayor problema del día a día era la naturaleza, y así construíamos villas, vallas, caminos o poblados donde asentarnos, y donde los depredadores no podían atacarnos fácilmente.

Inmediatamente nos dimos cuenta que había otro elemento, incluso más incierto que los tornados, los maremotos o la sequía, y ese era nuestro propio vecino, que se podía transformar en la máquina de lotería más aleatoria del mundo siendo nuestro amigo o enemigo tanto en el contexto personal como empresarial.

El consejo, en ese momento, fue la máxima latina que dice:

"Si vis pacem, para bellum / Si quieres la paz, prepara la guerra".

CESARE BECCARIA, un filósofo, jurista, economista y criminólogo, define como de esta situación brotan todas las leyes y constituciones, con el objetivo de asegurar un modo de vida o una forma de entender las cosas:

“Las leyes son las condiciones con que los hombres independientes y aislados se unieron en sociedad, fatigados de vivir en un continuo estado de guerra y de gozar una libertad convertida en inútil por la incertidumbre de conservarla”.

Desde esta perspectiva, lo que llamamos civilización no es más que el producto de un sinfín de guerras habidas que establecen nuestro orden actual como si fuera un dado de caras casi infinitas cayendo sobre una mesa.

SUN TZU, un estratega militar y filósofo de la antigua China, autor de EL ARTE DE LA GUERRA, decía:

“Cuando los adversarios llegan para atacarte, no luchas con ellos, sino que estableces un cambio estratégico para confundirlos y llenarlos de incertidumbre”.

Este concepto de guerra no es ajeno al mundo de los negocios, aunque el término lo hemos cambiado por el de competencia.

Si como persona se tienen variables, una asociación de personas, en la forma de empresa, tiene enésimas variables más. Si, además, hay que lidiar con las variables de otras empresas, la imagen de una guerra es más que recurrente, básicamente porque la sensación de inseguridad se vuelve inabarcable para cualquier negocio.

En la búsqueda de un punto de equilibro, y desde la perspectiva puramente científica y numérica, dentro de la matemática aplicada existe la TEORÍA DE JUEGOS, donde a través de modelos matemáticos de conflicto y cooperación podemos analizar situaciones económicas que nos permite trazar una estrategia óptima para las dos partes.

EL DILEMA DEL PRISIONERO es el supuesto más conocido de esta teoría.

Se trata de un juego no cooperativo, donde se puede constatar la dificultad que tienen dos personas para cooperar incluso cuando esa cooperación es la mejor opción para las dos.

En un ejemplo práctico tenemos a esas dos personas enfrentadas por un delito, que no pueden comunicarse de forma previa, y deben decidir entre dos opciones:

  1. Declarar contra la otra parte.

  2. No declarar.

Así, nacen 3 posibles escenarios o combinaciones:

  • Se traicionan y cada una declara en contra de la otra: ambas irán a la cárcel por 5 años.

  • No declaran (colaboración): ambas irán a la cárcel por 3 años.

  • Una delata (traiciona) y otra no delata (confía): la que no delató irá a la cárcel por 12 años mientras que la que delató quedará libre.

Podemos ver que, en términos de condena, lo mejor para ambas siempre seria no delatar porque ambas cumplirían 3 años.

Paradójicamente, según la teoría de juegos, la estrategia óptima es la de traicionar siempre, porque cada una persigue su propio interés y no puede confiar en lo que la otra dirá, de manera que lo mejor es declarar minimizando su posible pérdida, aunque la solución conjunta es peor.

Esto es lo que conocemos como EQUILIBRIO DE NASH donde dos personas no tienen ningún incentivo para cambiar su estrategia teniendo en cuenta la decisión que tome la otra parte.

Este tipo de modelos y otros similares, han sido aplicados a la economía multitud de veces, con el mensaje primario de que la desconfianza o la no colaboración suelen ser, en un primer momento, la estrategia óptima.

Históricamente este equilibrio de desconfianza ha sido la baza que ha promovido la evolución del mercado a uno más competitivo, pero los tiempos cambian y, en un mundo como el nuestro, se deben presentar alternativas a estos dilemas.

La realidad también muestra que, con un pequeño cambio de reglas, el equilibrio cambia, favoreciendo prácticas distintivas que promueven la confianza como eje fundamental.

ROBERT AXELROD, autor de LA EVOLUCIÓN DE LA COOPERACIÓN, propone una evolución en EL DILEMA DEL PRISIONERO ITERADO donde se ofrece la posibilidad de castigar a la otra parte por la no cooperación en juegos anteriores.

En este caso las partes eligen sus estrategias de forma semi abierta (tienen conocimiento de lo que la otra parte tiene intención de hacer) y no se hace una sola ronda, sino un número determinado o indeterminado (infinito) de iteraciones, conociéndose siempre el resultado de las rondas anteriores.

En este modelo, se ha descubierto que los jugadores tendentes a estrategias más egoístas obtienen peores resultados al largo plazo, además de causar graves daño a las ganancias grupales.

¿Cómo podemos aplicar este modelo a la forma de pensar y actuar de nuestra empresa ante la incertidumbre?

  • Promover prácticas colaborativas frente a otros competidores, como garantía de una mayor rentabilidad a largo plazo.

  • Análisis estratégico de los riesgos de una decisión actual respecto al histórico de decisiones tomadas por nuestra competencia (es decir, promover una respuesta que contemple el pasado y no solo el presente).

  • Tratamiento de una estrategia óptima dentro de nuestro mercado dependiendo de los distintos tipos de operadores que existan en él, ya sean más egoístas o más colaboradores.

Los duelos entre personas y empresas deben cesar y la incertidumbre no puede ser la excusa.

Muchos son las voces que en este mar turbulento de la humanidad han hablado de ella y aquí hay alguna de sus expresiones:

INDIRA GANDHI:

“No se puede ser prisionero de la indecisión, porque en ella todas las puertas permanecen abiertas”.

SANTIAGO POSTEGUILLO:

“Cada variable era una posibilidad, cada posibilidad una incertidumbre, cada incertidumbre una oportunidad”.

MARIO ALONSO PUIG:

“Cuando sintamos miedo ante lo desconocido, el peligro o la simple incertidumbre, la primera de las estrategias que podríamos emplear sería la de no enfocarnos en lo que podemos perder, sino en lo que podemos llegar a ganar”.

ECKHART TOLLE:

“Cuando estás cómodo con la incertidumbre, se abren en tu vida infinitas posibilidades”.

Y por último hay que recordar las palabras de GUY KAWASAKI:

“Los éxitos instantáneos rara vez son instantáneos, y si hablaras con las personas que hay detrás de estos éxitos, te darías cuenta de que han llegado después de meses de miedos, incertidumbre y confusión, junto con una falta fragante de seguidores”.

Así que acepta que la incertidumbre en tu vida y en tu empresa, como decíamos al principio, es la única regla innegable universal y, por dejar una nota de humor: no, no creas que no aplica a los impuestos, porque estos pueden ser tan ciertos o inciertos como la interpretación que le pueden dar en tu asesoría o en la inspección de Hacienda.

Este post ha sido escrito por JORGE JULIÁN LÓPEZ con la colaboración de PAT KENNE.

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