La crypto huella ambiental


Pete Linforth-Bitcoin by Pixabay
Pete Linforth-Bitcoin by Pixabay

Tendemos a creer que lo virtual es un mundo aparte sin auténtica relación con el mundo real.


Por ejemplo, sabemos que el dinero tiene un proceso de fabricación donde se necesitan personas, tiempo, recursos, la intervención del Estado, referencias de valor y materiales, como el papel o el metal, para conseguir esos billetes y monedas que ordenan nuestra economía.


Cuando se trata de criptomonedas, especialmente de primera o segunda generación como el bitcoin, para una gran parte del común de los mortales, se trata de algo que roza casi la fantasía donde todo es inmaterial, como fabricado de la nada, y no se acaba de entender dónde está el gasto, cuando los entendidos podrían darnos equivalencias similares a los términos comentados sobre el dinero convencional.


Por eso cuando desde DIGICOMIST.NET hacen una estimación continua del consumo de energía en el Bitcoin, y se afirma que los resultados son asombrosamente preocupantes para la Humanidad, cuesta comprenderlo.


Expliquemos los fundamentos para llegar a comprender las razones de tal afirmación:

El bitcoin es una moneda electrónica libre y descentralizada resultado de un protocolo que utiliza redes peer-to-peer (P2P) de forma colectiva y pública, sin intervención de intermediarios.


El bitcoin, como otras monedas virtuales, depende de la tecnología blockchain.


Ordenadores (denominados mineros) realizan complejas operaciones matemáticas cuyo objetivo es resolver el enigma escondido en un algoritmo establecido por un sistema que busca validar una transacción y, adicionalmente, crear nuevos bitcoins.


Buscando un símil (y salvando las enormes distancias con el protocolo real) podríamos hablar de una sofisticada lotería virtual en la que:

  • Un inversor decide comprar un boleto (los bitcoins).

  • El sistema que genera la lotería ya ha decidido los números del premio.

  • Los mineros, compitiendo entre sí, se ponen en marcha para buscar la combinación ganadora.

  • Se descubren los números del Gordo y se certifica que se trata de una operación única y correcta.

  • El minero que ayudó a encontrar esa solución obtiene un bote adicional (consistente en algunos bitcoins).

  • Todo aparece en un registro de acceso público garantizando la transparencia.

El ciclo se inicia nuevamente cada 10 minutos, aproximadamente y, de nuevo millones y millones de participantes buscan el gran premio y su bote.


Estos ordenadores consumen una gigantesca cantidad de electricidad. que repercute en el consumo energético mundial.


Según el mismo informe de DIGICOMIST, una sola transacción bitcoin consume lo mismo que 576.418 visas.


El CBECI (CAMBRIDGE CENTRE FOR ALTERNATIVE FINANCE) ha realizado estimaciones que consideran que el gasto energético anual del bitcoin es similar al de países enteros como Finlandia o Argentina.


Además, la potencia eléctrica proviene, en su mayor parte, de fuentes asociadas a los combustibles fósiles (como el carbón) y, consecuentemente, con una notable emisión de carbono en detrimento del medio ambiente en todo el planeta.


Los Estados se quejan al considerar que no pueden regular el mercado por la idiosincrasia de la propia tecnología y, cuando se han hecho intentos, el resultado ha sido la migración de los mineros a otros lugares.


Un gran problema necesita grandes soluciones, y aquí están algunas iniciativas con el potencial de ser verdaderas alternativas energéticas:

  • El partido alemán FDP (FREI DEMOKRATISCHE PARTEI) ha propuesto recompensar a quien elimine CO2, u otros gases de efectos invernadero, a través de Arbil, una criptomoneda canjeable por certificados de emisión CO2.

  • CLIMATECOIN, propulsada por el español JUAN BOLUDA, plantea la inversión en negocios responsables con el medio ambiente y el cambio climático, comercializando esos derechos de emisión a través de un acuerdo con las NACIONES UNIDAS.

  • GBMCOIN preserva la biosfera de la selva argentina, generado un bono de carbono con la adquisición de cada token.

  • GREENEUM, desde Israel, acelera la transición a las energías limpias y las tecnologías sostenibles, conectándose a proyectos rentables de energía verde.

En otras newsletters comentaremos acciones con otras criptomonedas de tercera generación que ya están resolviendo los problemas del masivo consumo energético, como las Altcoins o la apuesta por EnergyCoin o SolarCoin, la posibilidad de modificar el sistema competitivo del blockchain por un sistema colaborativo que reduzca el consumo de máquinas activas, utilizar Nano, el uso de energías renovables o la aplicación cuántica.


En SENSEI apostamos por la democratización de la economía y el impacto responsable en el medio ambiente.

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