Jorge Julián López López


Jorge canario sonríe a Jorge venezolano
Jorge canario sonríe a Jorge venezolano

JORGE JULIÁN LÓPEZ LÓPEZ también apareció cuando buscábamos becarios de Derecho para nuestra empresa.


Su sospecha es cierta: unimos a VICENTE HENRÍQUEZ y a él, porque a pesar de que pudiesen parecer agua y aceite, se parecían en muchísimas cosas.


Lo primero que nos llamó la atención fue lo mucho que sabía de todo, tanto que parecía que su expediente académico era de otro, pero tras algunas preguntas comprometidas, se presentó como lo que es: alguien al que le gusta ir a lo directo, aprender de lo que realmente le gusta, y tras esa fachada de "hombre del renacimiento", se escondía alguien ávido de experiencias y una persona tierna, y muy divertida (memorables sus versiones cantadas a voz en grito, o de grito en voz, de BRITNEY SPEARS y PHIL COLLINS).


Sí, en SENSEI también se canta, porque no está reñido el humor, el relajo y el buen trabajo.


Le damos las gracias por su empatía y ser profesional, cuando hay que serlo. Y aquí van sus palabras:

"La vida del emigrante está repleta de retos que el expatriado no puede contemplar, pero que su voluntad de buscar una vida mejor ha superado, incluso, desde antes que inicie su viaje.
Nací en VALENCIA, una ciudad junto al lago TACARIGUA y conocida como la capital industrial de VENEZUELA, un 8 de marzo de 1995, en el seno de una familia canaria donde todos eran emigrantes.
Quiero centrar este resumen de mi persona en esas vivencias, ya que yo no sería nadie sin esa identidad que Venezuela me dio y que CANARIAS terminó de forjar.
A veces siento que mi vida es un reflejo de mi principal referente o SENSEI: mi abuelo, JULIÁN LÓPEZ, que emigró a Venezuela con 17 años. Fue a un país que le prometió mucho, porque mucho tenía que dar… pero no lo iba a regalar, ni darlo a cualquiera.
Las historias que él me cuenta de cómo tuvo que trabajar en una hacienda como peón, de cómo se enamoró de los gatos al ser su única compañía por la noche, frente a las ratas que se paseaban por sus barracas, y como termino siendo encargado de esa gran finca en el centro del país, son una gran inspiración de superación y una fuente de motivación infinita para creer que el esfuerzo y las penurias terminan valiendo la pena al final de los días.
En mi caso yo emigre a Canarias, con 17 años, justo al terminar el bachiller en Venezuela.
En el último año que pase en ese precioso país caribeño, no contemplaba emigrar a ningún sitio. Yo estaba muy cómodo en mi status quo. Sin embargo, una serie de reflexiones personales en una noche bastante larga, donde el sueño no me acompañó, me convencieron de que, dada mi vocación por las leyes, tenía que salir de mi burbuja e ir a un lugar donde pudiese realizar mi profesión.
Decidí llamar al día siguiente a mi tía MILAGROS, -otra de esas almas caritativas y bondadosas que tanto me han inspirado-, y aceptó darme techo, comida y cobijo en SANTA CRUZ DE TENERIFE, mientras preparaba la PAU para poder entrar en alguna Universidad Española a estudiar DERECHO.
Estudiando para la PAU recuerdo haberme enamorado de SALAMANCA y su historia, el arte y los cuentos que había detrás de cada piedra puesta siglos atrás.
Era como un parque de atracciones para los curiosos: la idea de caminar por las mismas calles, e ir a los mismos bares a los que iba que iba MIGUEL DE UNAMUNO; admirar la fachada de la Universidad vieja, o pasear por la noche viendo cada pequeño detalle de la Catedral. fue una idea que me sedujo para intentar graduarse en aquella UNIVERSIDAD.
Así las cosas, mi primera aventura fue en Salamanca, donde sí, pude ser muy curioso, pero también pude experimentar la dificultad de vivir solo, lejos de mi familia, y que, en ese precioso continente llamado EUROPA, existe una cosa que se llama primavera, donde las flores producen un exceso de polen, al que desconocía que era alérgico.
Salamanca fue, para mí, una pesadilla de primavera, un amor de verano y el horror del invierno.
Al final me canse de estar enfermo todo el día, y de tener los labios partidos por el frío.
No todo fue malo, también hice amistades fantásticas, con especial mención a MANUEL, amigo que después de años me sigue visitando en Canarias, y con el que hablo diariamente.
En retrospectiva siento que cada día en Salamanca cometí un error, y de esos errores aprendí.
Como dice el dicho: nadie aprende en cabeza ajena.
Para mí fue esencial esa experiencia: para aprender por mí mismo algunas cuestiones sobre responsabilidad y madurez emocional.
Volví a CANARIAS, donde el clima y las estaciones son más amables.
Entre en la FACULTAD DE DERECHO de la ULL, y después de 4 largos años de trabajo y estudios pude matricular mis prácticas externas, y fue en esas prácticas donde conocí a SENSEI GROUP.
Recuerdo que, al principio, cuando me asignaron estas prácticas, tenía muchas dudas sobre SENSEI y su modelo. No comprendía como algo que conjugaba tantas ideas y vertientes distintas podía existir.
Todas estas dudas fueron despejadas el día 1, cuando nuestro TUTOR nos explicó la filosofía de la empresa y pudimos hacer cuantas preguntas o valoraciones consideramos.
Ah sí, hablo en plural porque no estoy solo en esta aventura: me acompaña un compañero de carrera al cual conocía con antelación VICENTE HENRÍQUEZ.
Creo que todo este torrente de trabajo y esfuerzo en la que me vi sumido no podría haber sido capeado sin su ayuda. Hemos formado un gran equipo profesional y, en lo personal, hemos forjado una amistad mucho más profunda.
A veces sospecho que nuestro tutor nos escogió a propósito para qué trabajáramos juntos, pero bueno, como no tengo pruebas, y soy abogado, se lo achaco a la probabilidad.
SENSEI no solo me ha enseñado cuestiones relativas a las leyes que desconocía, como la agenda 2030 o el derecho de productos financieros o mercado de valores. También me ha enseñado un modelo empresarial basado en el respeto, la dedicación y la responsabilidad.
Por otra parte, también me ha rodeado de grandes profesionales de los que he podido aprender, como CARLOS MORENO, abogado de la empresa.
En especial quiero agradecer personalmente a EDUARDO MEDINA, CEO de SENSEI, por haber confiado en nosotros, valorar nuestro trabajo y hacer que todo esto fuera posible.
Siento que he podido aprender mucho de él y espero poder ayudarlo tanto a él como a esta compañía en los años venideros.
Finalmente quiero agradecer a mis padres, JORGE FELIPE y SONIA ONÉSIMA, por haber sacrificado sus vidas, y su tiempo, para poder darme todas las comodidades que a diferencia de mi abuelo cuando emigró, yo si he tenido. Gracias a todos.
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