El lenguaje sucio


Boy-Divypixel + Bully-John_Hain | Pixabay
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Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.

Esta cita pertenece a la lectura del SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (1, 1-18) y para un creyente, al margen de su sentido metafórico o más filosófico, llevan a la consideración de la palabra como algo limpio y bueno puesto que emana del ser más misericordioso.


Sin entrar en la polémica, ni tan siquiera en el debate, habría que preguntar a ese mismo creyente que pasa con las palabras sucias porque también habrán sido creadas por ese mismo ser.


Maricón, negrata, rarito, foca, empollón, bollera, niñato, rubia... son expresiones que ponen en evidencia una situación real, más allá de las creencias de cada cual: la falta de respeto que hay hacia lo que para ciertas personas no es su normalidad y, por supuesto, la falta de empatía con la singularidad de cada cual.


Este mismo lenguaje se traslada al mundo empresarial y resulta especialmente discriminador cuando se plantea un proceso emprendedor que antes de ser analizado es descalificado, valiéndose de estas expresiones, o similares, como si cualquiera de esas palabras fuese una kriptonita que anulase el valor o poder para hacer negocios.


La educación y los padres juegan un papel esencial cuando en el proceso formativo no se cuestiona este particular idioma de la infamia.


Cuando un chaval es marginado por sus compañeros en un partido de fútbol, haciéndole notar que le sobran unos cuantos kilos, utilizando voces muy gruesas; cuando una adolescente por tener la mirada puesta en otra chica, en lugar de un chico, sufre el silencio de sus amigas (otra forma de insulto), mientras que el profesorado no hace nada al respecto; o cuando alguien hace un comentario rozando la ordinariez porque esa misma joven consigue su primer trabajo, sin tener en cuenta su talento o inteligencia, es otra manera de ensuciar la vida de los demás.


La felicidad, el bienestar y la seguridad son tres aspectos fundamentales para el desarrollo integral de jóvenes, niños y niñas en su paso por la escuela.


Según JAVIER MIGLINO, fundador de BULLYING SIN FRONTERAS:


La universidad también debe cumplir estas tres características, porque cada día son más los chicos y chicas que son víctimas de bullying universitario.

Y añade:


A la par del crecimiento sostenido del bullying, cada vez se reportan más casos de hostigamiento y abusos en las redes sociales de Facebook y Twitter. Hay legiones de trolls pagados y de trolls que solo atacan por pura maldad y que no discriminan entre menores y mayores; insultando, amenazando e incitando al suicidio a los jóvenes, llevando las ofensas a niveles insostenibles, las 24 horas del día, los 365 días del año.
Ya no ocurre como antaño en que padecían acoso escolar aquellos con mayor rendimiento escolar o atributos físicos. Ahora cualquier motivo es una excusa para el bullying y para dañar, recibiendo las víctimas golpes, amenazas, burlas y ciberacoso en las redes sociales por la sola publicación de una imagen.

En el informe que se ha realizado desde la asociación de enero 2021 a febrero de 2022, y refiriéndose específicamente a España, los casos han aumentado respecto a otros años, y 7 de cada 10 niños o niñas sufren todos los días algún tipo de acoso o ciberacoso, donde las palabras sucias son un inicio para transformarse después en violencia o agresión física o psicológica, sometimiento, intimidación, bloqueo, hostigamiento, abuso, discriminación, coacción o represión, impidiendo un desarrollo a la persona para poder vivir en paz con sus emociones y con la sociedad.


En ese mismo periodo se han denunciado en nuestro país 11.229 casos, y en el mundo se han dado 200.000 víctimas mortales, alimentadas por tres venenos: La soledad, la tristeza y el miedo.


Hay que tener en cuenta que BULLYING SIN FRONTERAS, es la principal fuente de información sobre el bullying, y no percibe dinero alguno por sus investigaciones, estudios, estadísticas e informes. Además, para preservar su independencia, no acepta subvenciones públicas, ni aportaciones económicas de empresas o partidos políticos, y el 100% de sus recursos son gracias a las contribuciones de colaboradores.


Yendo a lo aparentemente más ligero, ese lenguaje sucio, lo puedes encontrar en personas simpáticas, inteligentes, amables e, incluso, afines, que no tienen problema alguno en utilizarlo porque hasta les hace reír, y no saben diferenciar entre reírse de los demás o reírse con los demás.


En el día a día, es vergonzoso escuchar como una política, presidenta además de una comunidad autónoma, se permite enarbolar un "a mí la única regla que me interesa es la de tres", ante los problemas laborales que supone la regla femenina, poniendo en evidencia no sólo su rechazo al propio género sino la falta de conocimiento de algo que sucede cada mes a muchas mujeres trabajadoras (entendemos que a ella también) y que, no sólo va en contra de esa producción que tanto protege al pensar que la economía está por encima de la salud, sino que, además, evidencia desconocer, o ignorar a propósito o no, uno de los rasgos esenciales del liderazgo: Entender a sus votantes, a menos que considere que en lugar de trabajar para quien le da el voto es simplemente hacer lo que le venga en gana sin tener que entender sus quejas. También puede darse una paradoja por la que tengamos una excepción genética en las que las mujeres que votan su opción política no sufren estos problemas, o si los sufren han de ser sufridoras porque así lo exige su condición y sexo.


Evidentemente utilizamos el sarcasmo, pero hace reflexionar sobre cual es la educación recibida por el personaje y la razón de utilizar este lenguaje.


Lo mismo sucede cuando a un líder mediático de masas televisivas, que además dirige un programa dedicado a extraterrestres y naves del misterio, realiza un discurso no entendiendo, o criticando abiertamente, el significado de "unos, unas o unes", sin darse cuenta que es una forma de evidenciar lo obvio de la diferenciación. ¿Será necesario que uno de esos "humanoides, humanoidos, o humanoidas" se le presente y le comenté que, por ejemplo, se reproduce por esporas, para que lo entienda? ¿Cómo denominará a la especie llegada de otro mundo?


Por supuesto, no se trata de entrar en la polémica de la utilización de una determinada palabra.


Ser maricón es tan elegante como no serlo, y tan sólo tiene esa connotación negativa cuando se utiliza para despreciar esa opción. Hay muchos homosexuales que reivindican la palabra precisamente para sentirse orgullosos de lo que son, independientemente de su malsana utilización por quienes no quieren saber cómo son.


Una fórmula simpática de averiguar si es así es colocando "...de mierda" detrás de cada una de esas palabras.


¿Suena soez? Sí. Pero es tan cotidiano como real, y además es una palabra aceptada por la RAE, así que nada de escandalizarse:


Maricón de mierda, negrata de mierda, rarito de mierda, foca de mierda, empollón de mierda, bollera de mierda, niñato de mierda, rubia de mierda...


¿Habéis oído decir hetero de mierda, blanco de mierda, normal de mierda, ignorante de mierda, femenina de mierda, viejo de mierda, o morena de mierda? Con la excepción del viejo, porque también se tiende a marginar, es difícil escuchar algo así.


El odio se engendra desde un lenguaje no inclusivo, cuando se naturaliza y se tiende a considerar que el insulto es algo normal.


En otro extremo, pero con el mismo fondo, esta hablar, por ejemplo, de personas con altas capacidades y considerarlas diferentes.


ARISTÓTELES, considerado, junto a PLATÓN, como el padre de la filosofía occidental, planteaba que:


Tan injusto es tratar desigual a los iguales como igual a los desiguales.


Durante 2.000 años sus ideas han estado vigentes y hoy nadie las cuestiona... a menos que se ponga a averiguar datos de su biografía y entienda que se le puede desprestigiar por el mero hecho de ser sodomita (otro palabro, que por más que sea más fino, busca tocar las narices de la misma manera).


La memoria juega un importante papel en estos casos.


Para la juventud de hoy, que alguien llame a otro alguien "rojo de mierda" o "fascista de mierda" parece superado, pero se han producido crímenes en nombre de estas palabras, y la cuestión es que cuando el entendimiento deja de ser una norma de convivencia todo deja de ser conviviente, y ahí están las guerras para demostrarlo o supremacistas disparando a personas inocentes (sea un presidente invasor o un muchacho de apenas 18 años).


Es nuestro deber está buscar la manera de que el lenguaje sucio deje de ser frivolizado para ser tomado en serio, y pensar que las consecuencias finales, y más en periodos convulsos como los que estamos viviendo, pueden llegar a ser terribles.


Una palabra puede que parezca que no diga nada, o diga todo (recordar lo que significa para los creyentes), pero el odio derivado de la forma de utilizar un lenguaje sucio si puede ser determinante.


No está de más recordar ese poema atribuido a BERTOLT BRECH (en realidad popularizado por él, aunque su autor es MARTÍN NIEMÖLLER):


Primero se llevaron a los judíos,

pero como yo no era judío, no me importó.


Después se llevaron a los comunistas,

pero como yo no era comunista, tampoco me importó.


Luego se llevaron a los obreros,

pero como yo no era obrero, tampoco me importó.


Mas tarde se llevaron a los intelectuales,

pero como yo no era intelectual, tampoco me importó.


Después siguieron con los curas,

pero como yo no era cura, tampoco me importó.


Ahora vienen por mí, pero es demasiado tarde.


Seguro que, antes de llegar a estos extremos, hubo un lenguaje sucio de por medio.

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