El cuento del calamar, o la factura simplificada


Fairy Tale-Cdd20 + Cartoon-OpenClipart-Vectors | Pixabay (Y sí, sabemos que son pulpos)
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Érase una vez un bar, de esos que están en la esquina de cualquier lugar.


Su especialidad eran los bocadillos de calamares y tenía un éxito clamoroso: Atendía a una clientela de más de 2.000 adictos al cefalópodo, y al día… El mejor negocio del barrio.


Los fines de semana se llenaba aún más, de jóvenes y menos jóvenes, venidos de otros barrios, e incluso de otros pueblos y ciudades, llegando a superar los 10.000 que, además, pedían de entre cuatro o cinco cañas de cerveza por cabeza.


Sólo calamar, cerveza… y agua (que también hay personas singulares que no son tolerantes al alcohol).


Desde kilómetros se podían apreciar diez enormes colas rodeando el famoso bar del calamar:

  1. La de quienes entregaban cajas y cajas de estos animalitos, frescos y recién capturados.

  2. La de quienes suministraban pan crujiente y calentito.

  3. La de quienes limpiaban el blando cuerpo del molusco.

  4. La de quienes atendían a las freidoras y, después, los incrustaban en barras de pan perfectamente abiertas por la mitad.

  5. La de quienes los servían.

  6. La de quienes compraban y consumían.

  7. La de quienes servían las bebidas.

  8. La de quienes limpiaban mesas, y recogían todo para cumplir con todas las medidas sanitarias.

  9. La de quienes, siguiendo los dictados de la ley, recibían aquellos documentos de carácter mercantil que indicaban las compras de sus proveedores, chequeando que incluían toda la información exigida.

  10. La de quienes fabricaban las facturas a la paciente clientela.

¿Paciente?

Si, porque hasta llegar a la fila 10 todas las filas funcionaban perfectamente ágiles, pero la ¡¡¡10!!!.

La 10 era una pesadilla.

Cada consumidor de bocadillo y caña (o algún agua, ¡¡¡recordad a los singulares!!!) pedía su respectiva factura, y muchas veces, una por bocata y otra por bebida (que cuando se está “tostao” el capricho se convierte en obligación).

Vistas desde la distancia, las colas parecían tremendas filas de hormigas, encabezando el ranking la número 10.

Evidentemente, esto podría ser el inicio de una historia de ciencia-ficción donde, ante tanta columna humana, y ante tanto personal trabajando, se creyese que los calamares eran la solución para el problema del paro en el mundo.

También podría ser una revolución de consecuencias inesperadas porque, ante tanta espera para recibir el papelito formal que justificase el gasto ante el contable, o la delegación de Hacienda (autonómica o nacional), se diesen tumultos, hubiese manifestaciones, revueltas o sublevación total llevando posiblemente al caos al sistema de control gubernamental.

Pero, tranquilidad.

Esto es tan sólo un cuento.

Posiblemente el cambio climático limite la producción del calamar y, lo que es mejor, nuestras mentes pensantes han resuelto el problema a través de un invento maravilloso:

LA FACTURA SIMPLIFICADA.


¿Y cuáles son los ingredientes de tan maravillosa pócima?

Empecemos por el principio.

El reglamento, en el que se introduce esta figura, está vigente desde 2013, a través del REAL DECRETO 1619/2012, para transponer la DIRECTIVA 2010/45/UE sobre normas de facturación (por si alguien quiere leerse todo con detalle, que de todo hay en la viña del Señor), y habla de todo tipo de facturas, aunque aquí nos vamos a centrar en la simplificada.


La intención era dar impulso a la facturación electrónica, con el mismo valor que la factura de papel, y bajo determinados supuestos. De hecho, si las de papel se escanean, son enviadas o recibidas por correo electrónico, también se consideran facturas electrónicas.


Hasta aquel momento, a lo más te daban un ticket, que era el documento contable justificativo porque no era cuestión de que cada vez que te tuvieses que subir al autobús se formase cola para pedir una factura oficial.


La cuestión es que generalmente los tickets no cumplían los requisitos previstos por la Ley para ejercer el derecho de deducción por los impuestos y, además se daban mil problemas como, por ejemplo, que no fuese tuyo realmente el ticket, o no se identificaba a quien lo emitía, o que se borraba la tinta, o que podía desaparecer por cualquier accidente…


¿Qué es la factura simplificada?


Una factura formal pero más simplificada (con contenido más reducido) que la general (la de siempre), generalmente digital, y que sustituye a los tickets.


También se puede definir como un comprobante de pago en compras con consumidores o usuarios finales, y en moneda nacional.


¿Qué datos debe incluir la factura simplificada para ser válida?

  • Identificación de que es una factura simplificada, porque así aparece enunciada.

  • Número de factura, que debe ser correlativa a las emitidas anteriormente.

  • Fecha de expedición.

  • NIF de quien la expide.

  • Nombre completo o denominación social de la empresa que la emite.

  • Identificación del servicio o del bien, sin que sea obligatorio describirlos con detalle.

  • Tipo de IVA o IGIC (en caso canario) a incluir.

  • Importe total, sin necesidad de que venga desglosado.

No es preciso incluir los datos del Receptor, a menos de así lo precise (por ejemplo, porque haya una retención IRPF)

También puedes incluir el método de cobro (efectivo o tarjeta).


¿Cuándo se puede utilizar la factura simplificada?


  1. El importe no puede superar los 400 euros (incluido IVA o IGIC).

  2. El importe no exceda los 3.000 euros (incluido IVA o IGIC), en aquellos supuestos en los que se autorizaron expresamente la expedición de tickets en lugar de facturas, aunque para curaros en salud os recomendamos chequear con el reglamento en la mano.

  3. También sirven para facturas rectificativas (las de abono de toda la vida), siempre que se haga referencia expresa e inequívoca a todo aquello que se rectifique de la emitida.

  4. En situaciones en que se solicite o autorice el Departamento de Gestión de la AEAT.

Puesto que el reglamento dice que se debe reflejar la realidad de las operaciones, siempre es bueno que puedas contar, por ejemplo. con el comprobante del pago (la tarjeta con la que has pagado). Sería muy difícil que no fuese real al coincidir fecha, hora, momento, servicio, etc.

Igualmente, para esa autenticidad e integridad, también puede utilizarse firma electrónica.

Otros requisitos:

Se tienen que conservar, clasificadas y ordenadas, durante un mínimo de 6 años, de forma física (en carpetas, por ejemplo) o digital, subiéndolos a la nube, con algún programa de gestión, y accesibles en todo momento, permitiendo, además, tener un control exhaustivo de ingresos y gastos.

¿Cuándo no se da la obligación o no puede expedirse la factura simplificada?

Por regla general:

  • En las entregas intercomunitarias o fuera de la UE.

  • En las adquisiciones intracomunitarias de bienes, cuando, por aplicación de las reglas de localización, se entiendan realizadas en el territorio de aplicación del Impuesto.

  • Cuando el ofertante o el receptor no están establecidos en el territorio.

  • En el supuesto de que opere la inversión del sujeto pasivo y no se haya delegado la emisión de factura en el destinatario.

  • En determinados servicios financieros, y los seguros, que tienen dispensa para emitir factura, es decir, que no están obligados.

Hay que tener en cuenta que el REGLAMENTO DE FACTURACIÓN está desde el pasado 21 de febrero de 2022, sometido a trámite de información pública; es decir, que se permite a los interesados y a cualquier persona examinar el expediente y formular las alegaciones que tenga por convenientes antes de ser aplicado por Ley, especialmente para establecer los requisitos que deben adoptar los sistemas y programas informáticos o electrónicos que soporten los procesos de facturación, y la estandarización de formatos de los registros.

Y para ir acabando:

Aviso a navegantes, especialmente a esos que tienen que llevar contabilidades, hacer facturas o crear herramientas desde la Administración para ponerlo todo fácil:

El tentáculo del calamar es alargado. ¿REVOLUCIÓN O SOLUCIÓN? o que todo el mundo cumpla. No vaya a ser que el cuento se convierta en pesadilla.

Que nadie se asuste: Apliquémonos el cuento, porque la parte de cuento, es cuento, y lo demás es real. Aplicando todo como es conveniente no hay de que preocuparse.

Además, siempre hay que recordar que:


No hay mayor cercanía entre dos personas, que sonreír al leerse.
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