Dinosaurios


Dinosaur-Willgard Krause | Pixabay
Dinosaur-Willgard Krause | Pixabay
- “Llevo más de 50 años en el negocio, ¿Qué me vas a decir tú a mí?”.

¿Has oído alguna vez esta frase? Generalmente corresponde a un tipo de empresario, también conocido en el argot como “empresaurio” que considera la veteranía como EL VALOR DEL TODO.


La evolución natural, ya sea en las formas y maneras de llevar un negocio, en un sector en particular o simplemente en la concepción de la estructura de la propia empresa, se entiende siempre como una agresión inadmisible, y la nostalgia hacia otros tiempos se lleva al extremo.


Los empresaurios son capaces de afirmar que el pasado es el presente e, incluso, el presente es el futuro, obviando cualquier paso intermedio o necesario, como si el universo, por poner un caso, de hace 30 años, se hubiese desarrollado en un bucle distópico que, cual película de MARVEL y sus multiversos, es capaz de imponerse permanentemente como “lo único posible y real” en el día de hoy, y en todos los universos posibles, ya sea en el que viven ellos, o en los que viven los demás.

Los empresaurios se creen superhéroes con capacidades suficientes para hacer desaparecer a quien haga falta con su sola intención.


Por defender lo suyo son capaces de considerar a las demás personas o negocios como presas que hay que devorar en su zoológico particular, y son como esos TIRANOSAURIOS REX que no daban respiro alguno a un PTERODÁCTILO, despreciando cualquier propuesta de convivencia o de diálogo (todos sabemos que los saurios no hablan, sino que hacen unos ruidos extraños similares a un rugido que cesan cuando crujen los huesos de sus víctimas y caen rendidas a sus pies).


Uno de los rasgos más característicos es el amor que procesan a los que son de su misma raza: los que tienen su mismo equipo de fútbol, su mismo banco, su mismo partido político, su mismo club náutico, su misma cancha de pádel, sus mismos polos e, incluso, los mismos curas o amantes.



Hay diferentes tipos de empresaurios pero les unen ciertos rasgos comunes y así abogan por:


  • El despido libre, porque el mayor valor es la libertad, especialmente cuando se refiere a ellos y a sus decisiones, de manera que nadie, ni siquiera el Estado, debe obligarles a contratar o mantener el empleo.

  • La flexibilidad laboral, o lo que es lo mismo, que la masa trabajadora pueda intervenir, por ejemplo, en la decisión de ajustar el horario a sus preferencias o posibilidades, porque en su opinión puede reducirse el rendimiento, incrementarse el número de faltas al trabajo o que sin un control real sobre sus quehaceres puede que esos currantes o currantas se desvinculen de la empresa o se fuguen con el talento (sea de ellos o lo haya aprendido a su lado).

  • El mercado libre, entendiendo éste como “yo puedo y debo hacer lo que me dé la gana puesto que soy el que pone en circulación el dinero, que sale de mí y además creo trabajo haciendo que el milagro económico exista”.

  • Los ataques constantes al poder establecido, especialmente si no es de su onda política (e independientemente de que sea de derechas, izquierdas o cualquier versión intermedia o en los límites), acusándole de todos los males habidos y por haber en el planeta y, por supuesto, exigiendo al Estado que pague sus pérdidas si se dan y bajo cualquier precepto o excusa.

  • La desconfianza ante sindicatos o representantes laborales porque creen que eso limita la posibilidad de negociación tanto de su parte como de la persona y sus circunstancias, teniéndose que someter a la dictadura de la masa trabajadora.

  • La consideración de terrorista de quién protege al consumidor de cualquier producto o servicio creado, cuando se les exige información, transparencia o buenas maneras.

  • La asimetría en su poder y fuerza entendiendo que el abuso puede ser natural porque el fin justifica los medios, y de ahí a considerar el juego sucio o la corrupción, en cualquiera de sus escalas, un mal necesario que se puede justificar negándolo en público o cambiando el discurso cuando se les descubre hasta que, de tanto decir mentira por verdad, la mentira se convierte en una verdad absoluta.

Los empresaurios están tan preocupados por sus “enemigos” que muchas veces emplean más tiempo en tramar cosas en su contra que en disfrutar de sus propias familias, aunque hay que agradecer que no llevan al extremo lo que en otras épocas se exigía como, por ejemplo, el derecho de pernada (aunque se den muchos casos de acoso… y no es una broma, o sólo tienes que ser mujer, no importa que seas guapa, fea, obesa o delgada, simplemente mujer, para poder manifestar esa extraña sensación que te sacude cuando al recorrer un pasillo notas miradas sinuosas o lo que tienes que eludir cuando los límites se traspasan).


Pongamos algunos casos, que se corresponden con la realidad, comentando sólo casos y obviando nombres (básicamente porque no hay que dar publicidad al que no se la merece):

  1. Imaginemos un territorio donde un determinado sector, por ejemplo, el turístico, ha sido la base de su economía. Algo tan bueno y tan malo como que lo hubiese sido la investigación, la educación o la cría de avestruces. No se trata del sector, se trata de la forma en que se interviene en el mismo.

  2. Imaginemos, igualmente, que tuviste la suerte de tener unas importantes propiedades de arena al lado del mar, que en su momento no tenían el más mínimo valor, pero que gracias a que pudiste crear hoteles y apartamentos (sin entrar ni en las condiciones, materiales o métodos que utilizaste, o su calidad), te hicieron multimillonario.

  3. Imaginemos, además, que muchos de tus recursos venían de una ley que apoyaba esas prácticas por encima de cualquier otra, donde, además, había incentivos de todo tipo y color para que el negocio pudiese salir adelante porque se generaba mucho empleo (como se explotaba a esos hombres y mujeres tampoco se va a tener en cuenta) y dabas muchos beneficios (especialmente para ti, y tus amigos).

  4. Imaginemos, por último, que una enfermedad mundial, por ejemplo, la Covid19, obliga a cerrar tus negocios (como los demás) y tú, bajo la exigencia de que son el sustento de la economía de esa zona busques que sea lo público quien pague el pato del virus, porque no puedes considerar que las pérdidas tengan que ser tuyas ya que, en tu modelo de negocio, y ese mundo distópico tuyo, esos planteamientos de perdidas no existen.

Situarse en esa posición de privilegio, y durante años y años, hace que se dé una mentalidad donde se considere como derecho adquirido cualquier decisión propia, independientemente de que la ley avance e incluso el ecosistema empresarial tenga que evolucionar porque el mundo mismo lo hace, para bien o para mal, pero es cambiante y por lo tanto es imprescindible que se tengan en cuenta esos elementos.

La solidaridad, por supuesto, es inexistente, y tan sólo debe aplicar, según su filosofía, sobre el sector, sus empresas en particular y, a lo más, en las de tus allegados, obviando que los demás se encuentran en idénticas condiciones, ya sean personas, empresas u otros sectores.

Repetimos, es un ejemplo, y sería lo mismo para cualquier otro que partiese de parámetros similares.

En ese status quo, oír que no hay que apoyar a los demás y que lo único y prioritario es lo suyo, y más cuando “lo que da dinero es lo de siempre, y no los experimentos de niñatos y niñatas que no tienen ni idea del mundo” es una declaración que se responde cien por el cien con lo que puede manifestar un representante de estos empresaurios.

Esto se traduce en que la ley para esta singular raza debe ser la suya, y cualquier modificación tan sólo responde a mentes perversas que hay que aniquilar, sacándolas del mercado o sencillamente ignorarlas para que no existan.

Los empresaurios son contagiosos, o quizás el contagio viene de los otros, porque sus asesorías o gestorías, sus despachos jurídicos, sus más íntimos colaboradores actúan sorprendentemente de la misma manera, ignorando lo “último” (de esos últimos treinta años), y no se sabe si es pura ignorancia o interés, porque es desde luego más caro ponerse al día en todo que en lo que tan sólo interesa a su clientela. Al fin y al cabo, si desde la empresa no se le reclama un determinado servicio, posiblemente es que no haya que darlo. Y si se pide, se trata de poner a cualquier junior a que investigue, y con lo que consiga, anunciarlo a bombo y platillo, para demostrar que también se está en la vanguardia (la conocida e, incluso, la por conocer).



El empresaurio no es solo masculino, también puede darse la empresauria, aunque siguiendo la misma tónica de lo “de siempre”, la espécimen, en este caso, intenta no adentrarse en los negocios de los hombres, al menos que los haya heredado por vía familiar, y se especializará más en los negocios de las mujeres (peluquerías, zapatos, mascotas, cuidado personal…).


Por supuesto, pueden darse casos extremos, donde el sexo del promotor o promotora no sean una razón fundamental, pero hay que tener en cuenta que los negocios se entienden bajo esta mentalidad como algo duro, y que sólo el vigor y la inteligencia masculina pueden soportar, y si no vean cuantas presidentas de consejos de administración hay, por ejemplo, en España, o cuantas son las mujeres que tienen la mayoría societaria de grandes empresas.




Cuando aceptan, por ejemplo, una inyección de nuevas tecnologías, o entran en nuevas líneas de explotación, lo hacen ante el miedo y el control.


Miedo a “no vaya a ser que algo de esto explote y haya que tener algo donde agarrarse”, aunque el control es imprescindible, y a la hora de, por ejemplo, analizar su vinculación, se parta de los mismos parámetros que la propuesta más dino: cuentas de resultados, beneficios, roi, años de experiencia…


No importa que, por ejemplo, se trate de una plataforma con inteligencia artificial que pueda ayudar a, por ejemplo, dar una mayor rentabilidad a su propia cadena de hoteles. Tienen que darse “los números” y en caso contrario es que no es válida.



Muchos de los cachorros de los empresaurios reproducen los mismos modales de sus progenitores, con trajes más modernos, una dentadura fantástica, coches descapotables o casas y oficinas de lo más “nice”, más el completo perfecto: unas gafas de marca hiper reconocida y siempre acordes con el mejor bronceado.


Sin embargo, el ADN empresarial no cambia, y siempre se produce una endogamia absoluta donde cuenta más la familia a la que pertenecen (como si la garantía de inteligencia y éxito la diese el abuelo, la tía, o ese vecino que siempre organiza las fiestas con los mejores contactos).


Y tampoco hay que llevarse por el tópico. No son personas sin inteligencia. Todo lo contrario.


Suelen ser brillantes, que han sabido además llevar a sus crías a los mejores colegios, y darles la mejor formación para perpetuar los ahorros que hay en sus bancos, y son capaces, incluso, de implementar ciertos instrumentos para tener todo atado y bien atado.


Volviendo a uno de esos ejemplos, son capaces de implicarse en un fondo de desarrollo para conocer de primera mano todo lo que se está planteando en el entorno y así decidir, con absoluto conocimiento de causa, que se bloquea y lo que no, con un lema que debería ir unido a su propuesta “O conmigo o contra mí”, haciendo que no se lleguen a desarrollar muchos negocios de esos "nuevos empresarios", a lo que se les trata como intrusos, para reafirmar que el pensamiento saurio es, de nuevo, único, universal e inequívoco.


En el fondo se trata de una filosofía que, de obvia resulta hasta provocadora, y refleja un negacionismo que no es que vaya en contra de lo nuevo, como puede ser, por ejemplo, la tecnología, sino que es "yo y siempre yo".


Es más, tampoco hay que pecar de ingenuidad, porque bajo la apariencia de esas inmensas marcas de lo nuevo y de esas tecnologías se esconde un CAPITALISMO DE LA VIGILANCIA donde la transformación de información personal en una mercancía sujeta a la compraventa con fines de lucro se esconde el mayor empresaurismo con disfraz moderno.


Si eres uno de esos empresaurios, no te quitamos un ápice de razón en que gracias a ti se han desarrollado una determinada economía, aunque en el zoológico hay muchas más especies y puede que un día te quedes sin la carne que devorar, y tengas que vivir un remake de EL PLANETA DE LOS SIMIOS sin ni tan siquiera tenerte que meter en la nave espacial que CHARLTON HESTON tuvo que pilotar para darse cuenta de que las cosas se habían dado la vuelta, y el perseguido era él, y los científicos evolucionados otros.



La reflexión es una opción que tiene que estar ahí, y nunca es tarde para darse una segunda oportunidad, y siempre que sea real porque otro de los rasgos de los empresaurios es que se puede apuntar a cualquier corriente e, incluso, liderarla, utilizando el postureo de las redes sociales para que sus apoyar la vida, la salud, el concepto de la familia empresarial, las ODS y así muchas otras cuestiones de moda; cuando mejorar lo buscado es mejorar la imagen de su marca y llenar las arcas.


Ni SPIELBERG, padre de los dinosaurios modernos de ficción, sería capaz de encontrar argumentos tan sólidos como los que ellos utilizan, pero no hay que olvidar que, si la extinción ya se dio una vez, y puede darse otra vez más.


Todas las imágenes son de PIXABAY y los créditos siguientes:

  • Heart-Mherren

  • Watercolor-Wackca

  • Dinosaur-13Smok

  • Dino-RalfDesign

  • Pxclimate-Protection-Geralt

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