Crisis? What Crisis?


Room-Kalhh | Pixabay
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Hace años escribimos algunos artículos que fueron duramente criticados por los sabios del mundo del dinero puesto que, al parecer, no seguían los dictados de lo que era políticamente correcto decir y, según ellos, tampoco tenían visos de realidad. Se referían a una posible crisis financiera que podría avecinarse en todo el planeta.


Recuperamos el primero que salió a la luz en 2006.


En sucesivos números de nuestra newsletter vamos a rescatar los demás porque creemos que puede ser interesante repasarlos teniendo en cuenta otras crisis que nos amenazan:


Lo primero: ¿Qué es eso del sistema financiero, los mercados, el gasto, el ahorro … y algunas cosas más de la economía que afecta a nuestros bolsillos día a día?


El sistema financiero se puede definir como el conjunto de instituciones (públicas y privadas) e instrumentos legales que hacen posible el funcionamiento de la economía mundial a través de los mercados financieros.


Los mercados se estructuran canalizando recursos económicos entre aquellas unidades económicas excedentes de fondos, es decir, con superávit (ofertantes o prestamistas) y aquellas unidades económicas que precisan fondos, o lo que es lo mismo, con déficit (demandantes o prestatarios).


Para el común de las personas: entre los que tienen dinero y los que no lo tienen.


La actividad económica real tiene que ver con producir y consumir, o lo que es lo mismo, generar gasto, que es la base del sostenimiento del sistema financiero y, por ende, las necesidades del ahorro preciso, a través del cual se canaliza dicho gasto.


Gasto y ahorro son los dos conceptos sobre lo que pivota todo el sistema.


El movimiento del ahorro se materializa en espacios físicos o virtuales a través de productos financieros y sistemas de pago (por ejemplo: préstamos, acciones, bonos o depósitos bancarios) que definen sus precios en virtud de la oferta y de la demanda.


La banca comercializa, por lo general, estos productos y, lejos de lo que se cree a nivel popular, no es la detentadora última del dinero sino un intermediario entre los actores del sistema financiero, es decir, demandantes (quienes necesitan el dinero) y compradores (quienes prestan realmente el dinero, en cuyo nombre actúa la banca).


Todo el proceso se formaliza ofreciendo efectivo a cambio de una promesa de repago futuro de la deuda generada (por ejemplo, un préstamo hipotecario) a la que se le suma, además, un interés o beneficio, a favor de quien ofrece ese dinero.


Puede que al leerlo se produzca una difícil identificación con los términos, porque en la economía normal, en la que conoce la ciudadanía de a pie, nadie llama “compradores” a los que prestan el dinero, pero en la economía real, es como se les tiene que llamar porque ellos (poniendo un ejemplo que cualquiera puede entender) compran el título de una hipoteca que el banco le ha dado a tu amigo, y tienen la potestad de reclamarlo en el futuro, de manera que las partes intervinientes quedan así:


  • El banco es un instrumento: cumple la función de intermediario.

  • El comprador: es quien tiene el título en propiedad (compra la deuda), y dota de dinero al banco, ya sea porque es accionista o porque es una fortuna que pone su dinero a disposición, con productos muy sofisticados.

  • El demandante: es quien ha solicitado la hipoteca, o séase, el que necesita el dinero.

  • La hipoteca: es un producto bancario que tiene un precio al que se le suma el beneficio por intereses o cargos que impone el banco.

Este mercado financiero se denomina PRIMARIO, y en él se desenvuelve la economía habitual del ciudadano y/o la empresa.

Los prestamistas, dueños de la deuda, introducen estos productos (la deuda) en un nuevo mercado (el mercado SECUNDARIO) donde son revendidos con el fin de conseguir liquidez inmediata a su favor.

Siguiendo con el mismo ejemplo: si el préstamo de tu amigo tenía un valor de 20.000 euros + los intereses de 5.000 euros (al cabo de 5 años), el banco pone la deuda en el mercado secundario y la revende por un precio ligeramente inferior para tener liquidez desde el momento cero, por ejemplo, en lugar de por 25.000 euros por 23.000 euros.

El beneficio residual de la venta de paquetes de valores justifica la esencia del mercado secundario, tanto para quien ejerce de intermediario financiero (el banco, por ejemplo) como para los vendedores (los que prestaron el dinero a través de diferentes productos financieros) y sus nuevos compradores (los que recompran la promesa futura de pago y, por lo tanto, los nuevos dueños de la deuda o, es lo que es lo mismo, los que ahora serán los que cobren con el interés o beneficio final).

El resultado es una economía especulativa, cuasi virtual, basada en futuras promesas de pago de ese dinero prestado (valores o productos), que crece siguiendo el mismo protocolo, una y otra vez, al menos hasta que la liquidez lo impide o el producto deja de interesar en el mercado.


La Bolsa es la herramienta más conocida para instrumentalizar la compra y la venta de dichos valores o productos.


También existen transacciones EXTRABURSÁTILES en mercados paralelos no organizados, donde se diseñan y negocian instrumentos financieros más sofisticados, con contratos a medida entre dos partes (por ejemplo; acciones, bonos, materias primas, swaps o derivados de créditos).


En el mercado paralelo extrabursátil se dan productos financieros aún más elaborados y con instrumentos dirigidos a cubrir, con sumas enormes, las necesidades de grandes corporaciones o, incluso, los propios Estados.


En este caso los márgenes de beneficio son astronómicos, dándose además la circunstancia añadida de que los riesgos financieros se reducen para el prestamista ya que exige garantías y contragarantías adicionales, asociadas, por lo general, a interesantes activos que dichos Estados o corporaciones poseen.


Así el futuro del cliente, ya sean Estados (y, por consiguiente, sus ciudadanos) o corporaciones (y, por consiguiente, el mercado) están comprometidos en caso de impago.


Adicionalmente, estas garantías y contragarantías son utilizadas en nuevas operaciones, en un sistema piramidal especulativo, convirtiéndose en nuevos productos que, además de dar beneficios adicionales para el prestamista, pueden distorsionar las bases de la economía… al punto de producir crisis que se pueden extender a nivel mundial.


Si se dibujase una pirámide, la línea horizontal que sustenta el triángulo sería el mercado primario, y el resto, con su enorme volumen, sería el mercado secundario y los mercados paralelos.


En definitiva, la imagen de la pirámide es un buen reflejo del sistema financiero real.


Mercancía vs dinero vs Estado vs ciudadanía:


La mercancía define a todo aquello que se puede vender o comprar, es decir, intercambiar por “otra cosa”.


El producto financiero tiene la categoría de mercancía en una economía de mercado y, en términos económicos, esa “otra cosa” es el dinero.


El dinero debe cumplir tres criterios en un sistema económico, a saber:


  1. Debe ser un medio de intercambio.

  2. Debe ser una unidad contable.

  3. Debe ser un conservador de valor.

La modificación de cualquiera de estos tres criterios es inadmisible para el sistema financiero.


La teoría dice que el ciudadano es la base y fin último del sistema financiero, ya que el mercado financiero debe de garantizar el acceso del ciudadano a los bienes y servicios en forma de mercancía.


El Estado, a través de la ley, debe regular, organizar o procurar el funcionamiento del sistema financiero y en caso de fractura debe de proteger el bien común y al ciudadano.


Y todo esto está regulado por Ley en los Estados modernos en aras de ese ciudadano y el bien de todos.


Cabría preguntarse si el Estado y, en especial, sus representantes, siempre velan por el bien común o si se puede dar el caso de que, de forma perversa, interesada u obligada, se pudiese decantar de forma partidista hacia un lado u otro.


En tanto que el Estado lo conforman los ciudadanos, que serán los que, en última instancia, tendrán que responder necesariamente de sus decisiones ¿Qué sucede realmente en un momento de fractura?


La crisis financiera:


¿Una crisis financiera puede llegar sin aviso?


Difícilmente.


Es más… ¿Puede ser la crisis financiera un producto financiero más?


Antes de lo que se anuncia en ciertos círculos financieros como una posible “gran crisis financiera”, cabe el análisis de los marcadores habituales del mercado.


Ese análisis nos lleva a pensar que la anunciada crisis financiera es “un producto financiero más”, como ya ha ocurrido en otras épocas y como la Historia nos ha sabido contar:


  • El colapso de la burbuja inmobiliaria y las hipotecas SUBPRIMES no es algo nuevo… llevan años ahí y ya han sido denunciadas por HARRY MARKOPOLOS. Lo curioso es ver como ahora los medios empiezan a alertar de que pueden ser las causantes de la nueva crisis que se avecina.

  • Las hipotecas subprimes son un producto más del mercado primario: hipotecas dirigidas a un mercado de consumidores que no cumplen los niveles de evaluación crediticia (por ingresos, trabajos o historial de crédito), y los vendedores lo saben desde su propia creación y venta.

  • El riesgo de impago es muy elevado en comparación con las hipotecas comunes, por lo tanto, las posibilidades de fractura son enormes… y todos, tanto los vendedores, los compradores de deuda, como quienes las reciben, lo saben.

  • Su existencia está justificaba en la aplicación de intereses y comisiones más altas.

  • Las subprimes se venden en el mercado secundario, y cuando las subprimes saturan el mercado se produce un colapso.

Entonces:

  1. ¿Por qué si el riesgo se conoce e, incluso es la base del negocio, todo el mundo parece sorprenderse ante la caída de las subprimes?

  2. ¿Todo puede pasar de un día para otro?

  3. ¿Cómo es posible que los bancos de inversión sean ajenos a una hecatombe con tantas posibilidades reales de que ocurra?

  4. ¿Los Estados no velan porque algo así no ocurra?

  5. ¿Cómo una persona sin capacidad de pago puede obtener una hipoteca?

Las respuestas oficiales son muy simples y, aparentemente la culpa siempre es del otro.

Según quien responda a cada una de las preguntas:

  1. Imposible. No todos se pueden equivocar. Una confluencia así sería casi una confluencia planetaria y eso no es verosímil.

  2. ¿Algo tan inverosímil? No, porque entonces el sistema financiero no tendría bases contrastadas y eso, no puede ser.

  3. Los bancos se muestran positivos porque sus agencias de calificación entienden que el peligro no es inminente.

  4. Los Estados actúan en la creencia de que la economía permitirá crear los niveles de trabajo y riqueza que harán posible el pago de esas hipotecas.

  5. En última instancia lo que si es cierto es que los consumidores asumen un nivel de vida que no les corresponde pretendiendo tener, por ejemplo, una casa por encima de sus posibilidades. Desde la banca se le ayuda, pero, tienen que hacer un esfuerzo, y hay que creer que buscarán sus mejores herramientas para cumplir lo firmado.

Esta es la respuesta de cada cual, pero la simplificación y la ingenuidad no son los principios en lo que se fundamenta la economía.

También se puede interpretar que cada cual busca su propio beneficio, algunos con más conocimiento que otros y la ignorancia siempre lleva al desastre, especialmente de algunos… como sucede en la vida del día a día.

Al final del camino nos encontramos una película de suspense con visos de terror:

  • Cuando los prestamistas constatan que el mercado está agotado, y puede que no se les vaya a pagar, dan la voz de alarma y convocan a cada una de las partes para buscar soluciones al colapso y reclamar el pago pendiente.

Esto siempre es así. Si las cosas van mal, alguien debe pagar. Nada nuevo. Sólo hace falta tirar de la hemeroteca y de la Historia Financiera.

Es cierto que quienes intermedian habrán ganado grandes cantidades, una y otra vez, pero los detentadores últimos de la deuda, -los dueños del dinero -, tienen que cobrar a aquellos que se han comprometido en la primera firma y si ellos no pueden hacerlo, ALGUIEN DEBE HACERLO: y para eso existen las leyes ¿no? Y según la ley, el Estado tiene algo que hacer.

Cuando se han dado otras crisis, siempre se ha argumentado que los prestadores de dinero no podrán seguir ofreciendo sus ahorros si no recuperan las pérdidas, amenazando que EL SISTEMA PODRÍA DERRUMBARSE.

  1. ¿Puede pensarse que los dueños del dinero han diseñado un plan perfecto y que la catástrofe-amenaza planetaria de “si no me devuelven mi dinero no podré prestar más” es simplemente un ingreso recurrente más?

  2. ¿Se crean productos en el mercado con tal finalidad?

  3. Todo esto es una fantasía y no pasará nada.

Cada cual puede considerar lo que quiera.

El futuro está a la vuelta de la esquina así que sólo hay que esperar. CONTINUARÁ...

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