Contra lo inimaginable


Evgeni Tcherkasski - Suppression | Pixabay
Evgeni Tcherkasski - Suppression | Pixabay

¡Imaginación! Esa es la clave del ser humano y lo que lo diferencia del resto de criaturas.


Lo que hace más humano a las personas no es ni el lenguaje, ni la inteligencia, ni los sentimientos: es la imaginación que siempre está detrás de estos tres conceptos señalados.


Esta es una afirmación de un historiador británico, muy reconocido, y con un nombre muy español: FELIPE FERNÁNDEZ-ARMESTO.


La imaginación es ese motor de las ideas que hacen cambiar el mundo y, según afirman las buenas gentes, nos lleva a un sitio mejor.


¿Y se podría pensar en lo inimaginable?


Para mí la imaginación es como un coche, que hay que cuidar, ocuparse de los cambios de aceite, llevarle un mantenimiento y, sobre todo, usarlo, porque coche que no se usa, coche que antes se rompe.


Por todo ello me gustaría proponeros un juego para reactivar esa imaginación tan poderosa y hacer que vuestro coche se sienta a punto, o no… porque sea algo que no podáis imaginar.


Empecemos por algo fácil:


Imaginad que estáis con vuestros familiares y amigos. El lugar: cualquiera. Todos tenemos nuestro lugar favorito donde nos encanta estar con ellos. También puede ser con tu pareja. Da igual. Lo que importa es el amor y cariño que sientes por tus seres queridos, en ese momento y en ese lugar, porque estáis felices y os sentís especiales.


Imaginad que, además de estar juntos, también estáis haciendo esa actividad que tanto os gusta: ver una película, tomar unas cañas o, simplemente sentirse al lado, medio adormilados, o sabiendo que puedes leer un libro mientras los demás preparan algo alborotando en la cocina.


Cerrar los ojos un momento, y dejad que esa imagen os traiga una sonrisa a la cara.


¿Veis el poder de la imaginación? Solo un pensamiento ha bastado para cambiaros el ánimo.


Ahora quiero que os imaginéis una escena parecida, estando en casa con vuestros hijos haciendo eso que tanto os gusta: da igual lo que sea.


De repente ese momento se quiebra. Os dicen que tienen hambre y que les ruge la tripa. Necesitan algo que comer, pero en casa no hay nada.


Imaginad que haríais en esta situación.


¿Probablemente ir al supermercado y comprar? Imposible. En tu cuenta no hay dinero. A lo más podrías recuperar ese billete que guardas, porque es especial, y salir a comprar algo: pan, aceite, unos sobres de azúcar, leche… pero te das cuenta que tampoco puedes, porque el abastecimiento en el super hace más de dos semanas que no llega.


Vamos a dejar de imaginar angustias.


Imaginad ahora que estáis reunidos con amigos y, también está el amor de tu vida. Esa persona que es tu luz; quien con solo una sonrisa es capaz de quitarte todos tus pesares.


Llaman a la puerta: “¿Quién puede ser? “. ”¿Esperáis a alguien?”.


Probablemente preguntarías a tus invitados, a tus amigos, a tu pareja… pero nadie sabe nada.

Abres la puerta y ahí está la policía.


Para los que estén familiarizados con esta escena probablemente piensen que simplemente han venido a pedir que se baje el volumen de la música; o a preguntar si esa es la casa que están buscando o, en el peor de los casos, que han venido porque se ha dado alguna emergencia.


Pero, no. No es así.


Seguid imaginando y resulta que, al abrir, esos policías entran bruscamente en tu casa y comienzan a llevarse a tus amigos, sin que tú puedas detenerlos. No dan explicaciones. Te impiden acercarte a cualquiera de ellos para ayudarlos, para socorrerlos y, cuando pides respuestas, solo hay silencio o gritos para que no preguntes.


¿Qué podrías hacer tú en esa situación? ¿Cómo te sentirías al ver cómo les golpean delante de tus ojos y les arrastran por el suelo sin poder hacer nada?


El amor de tu vida decide intervenir y también recibe varios golpes, cayendo al suelo ante tus ojos.

¿Te lo puedes imaginar? La persona a quien más amas en el mundo tirada en el suelo, herida, y tú no sabes si está viva o muerta, si volverás a ver esa sonrisa de nuevo o si tendrás que enterrarla para siempre.


Imagina que intentas ayudar a tu amor, y que te apuntan con un arma que te avisan que no dudaran en disparar… ¿Qué harías? ¿Te dejarías matar en ese momento o te quedarías quieto para conservar tu vida?


Tal vez llegados a este momento puede que hubieras preferido que fueras tú y no tu amor, o tus amigos.


Imagínate como sería:


Entran a tú casa tirando todo lo que se les ponga por delante, te golpean hasta inmovilizarte, gritas y lloras al ver la cara de miedo y dolor de quienes están allí, y sientes angustia al no poder hacer nada; y te sacan a la fuerza de tu hogar, y el amor de tu vida te agarra la mano en su desesperación y que, además de a ti, a ella también la golpean hasta dejarla en el suelo o hasta ver como se desangra.


¡Qué horror!


Imagina ahora que no ha pasado nada de lo anterior, y que sólo lo has oído de un familiar lejano, de alguna compañera de estudios, de una persona conocida en el trabajo, o de alguien a quien le compras el pan todos los días. Y es algo real. Y pasa. Y cada rato es alguien más.


Solo oyes por las escaleras como alguien baja corriendo y a alguien gritar y luego nada hasta que, a lo lejos, se escuchan unos disparos...


¿Por miedo te encerrarías en casa con tu familia al escuchar alguna historia más?


¿Sabrías que hacer?


No sabes que hacer. No sabes a quien preguntar, o mejor ni te atreves.


Armándote de valor, intentas llamar por teléfono a alguien muy cercano, pero no hay señal. Al enviar un WhatsApp se cae Internet. Pasan los minutos y las horas y, cuando vas a cargar el teléfono, porque te estás quedando sin batería, te das cuenta de que no puedes, porque no hay electricidad.


No hay información de que ha ocurrido. No puedes decirle a nadie si tú y los tuyos estáis bien. Tampoco puedes pedir ayuda.


Y te pones a imaginar. Porque es inevitable. Y te imaginas mirando a tu alrededor, y ves a tus seres queridos destrozados, preocupados, con miedo, alguno que otro incluso llorando… y tú, no puedes hacer nada.


E imaginando llegas a la conclusión de que todo ha sido causado por un grupo reducido de personas que quieren que con el miedo te sientas inseguro para que ellos puedan seguir manteniendo un estado en el que sólo ellos se sienten beneficiados. Para que ellos puedan seguir siendo ellos y tú no puedas ser tú.


¿Es inimaginable?


¿Puedes imaginar que otros países no hagan nada porque esa situación desaparezca?


¿También es inimaginable?


¿Crees que lo inimaginable cesará?


Hoy, como muchas veces, ese inimaginable es una triste realidad.


Hoy son los cubanos, los venezolanos, los colombianos, los palestinos… como en otros tiempos lo han sido los judíos, los egipcios, los chinos, los libios, los peruanos, los argentinos, los irlandeses, los chilenos, los portugueses o los españoles. O las mujeres por ser mujeres, o los pobres por ser pobres, o los gays o las lesbianas por ser ellos y ellas, o los que piensan diferente.


Yo hoy quiero imaginar un mundo diferente, donde acercar un puño a otro puño produzca la misma revolución que un clavel puesto en un fusil.


Todo esto, que es tan fácil de imaginar, por muy inimaginable que te parezca en tu día a día, ocurre y lo están sufriendo muchas personas: ancianos que se creían a salvo de una pandemia y cómo ahora ven como sus vidas corren tanto o más peligro que con una enfermedad, y que ni siquiera se atreven a poner nombre a esa otra enfermedad que viven porque saben que sólo nombrarla les traerá problemas a ellos y a los suyos; padres y madres que sufren por dar de comer cada día a sus hijos; niños y niñas que tienen miedo a salir a la calle por si les puede pasar por encima un coche policial; o esos adolescentes que ya no se atreven a mirarse por si alguien les traiciona por sus pensamientos.


Si al leer todo te has dado cuenta que lo inimaginable puede ser real si estuvieses en Cuba, Venezuela, Colombia, u otros muchos sitios, te pido que pares e imagines, durante un rato, algo que ayude a que las cosas puedan ser de otra manera.


Hazlo.


Y no sólo que compartas este inimaginable en una red social o uniéndote a una manifestación para después seguir con tu maravillosa vida imaginada.


El puño cerrado acariciando al otro, buscando soluciones y solidaridad hará que podamos imaginar realmente ese mundo mejor.


La imaginación es el motor de las ideas, pero las acciones son la gasolina de las ideas, sin acciones reales el motor nunca se moverá.


Y como dice Fernández-Armesto: que nuestra imaginación nos haga humanos y nos diferencie del resto de las criaturas.

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