Ceguera o visión en los negocios


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¿Qué convierte a una persona en alguien con capacidad de convencimiento o de liderar un nuevo negocio?


¿Qué es lo que hace que alguien decida poner su dinero en tu proyecto?


Se supone que hemos de tener los ojos bien abiertos y no pestañear para no perder ni un solo detalle porque a la hora de decidir los proyectos de inversión y/o financiación se tienen en cuenta muchos factores.


Los convencionales se conocen por parte de todo el mundo:

  • La idea.

  • Quiénes son sus responsables.

  • El histórico empresarial.

  • El Business Plan.

  • Cómo se encuentra el sector en ese momento.

  • La capacidad de recepción del mercado.

Todo esencial, aunque tanto como otros marcadores que hacen imprescindible una buena elección, y que en muchos casos se asocian a la inteligencia emocional:

  • Esquema de valores de las personas que inician el proyecto de inversión.

  • Sentimiento de las personas respecto a su proyecto.

  • Búsqueda última, además del éxito económico.

  • Implicación social del negocio o empresa.

  • Esquema de relación dentro de la empresa y/o negocio.

  • Capacidad de comprensión emocional y empatizar o negar la sintonía con terceros.

  • El liderazgo de quien emprende y su equipo.

  • El respeto por las capacidades de los demás.

  • La presentación del Currículo personal enfocado a la capacidad intelectual e imaginativa.

  • Otros intereses además de los meramente empresariales.

Por otra parte, la forma de aprender de quien expone o precisa el dinero, y de la misma manera, de los que ofrecen su dinero para el desarrollo de proyectos (puesto que van a ser nuestros compañeros de viaje) son, igualmente, algo a tener muy en cuenta.

En este sentido, la empresa, como concepto, está anquilosada con ideas preconcebidas por triunfadores y modos de desarrollo que, en muchos de los casos, llevan al fracaso, ya que los modelos de libro no presentan los claroscuros del negocio y menos de las personas que lo han llevado a cabo, presentado fórmulas que se alejan del día a día y que vienen a blanquear a dichos negocios, empresas o personas, o simplemente a presentar como un elemento más de marketing su éxito.

Son miles los emprendedores con un conocimiento extenso de su negocio o empresa, y con una nula capacidad de gestión o administración empresarial, además de ser incapaces de llevar a cabo un pensamiento crítico o de la forma en que deben aprender a llevar el día a día de su empresa.

Tras un periodo de desarrollo, incluso espectacular, es difícil mantener algunas empresas como negocios rentables.

El resultado es nefasto y en muchas de las ocasiones simplemente viene determinado por la falta la humildad de los implicados, o de los propios inversores o financiadores.

En este punto es primordial saber de ciertas corrientes, que tienden a considerar la calidad de nuestro pensamiento, las acciones y decisiones que tomamos, y la forma en que afectan a la vida profesional, familiar, personal, social.

Son muchas.

Por poner un ejemplo: LINDA ELDER y RICHARD PAUL, de la FUNDACIÓN DEL PENSAMIENTO CRÍTICO, presenta siete estándares intelectuales, y hacen las siguientes preguntas:

  1. Claridad: ¿Podría explicar o ampliar este asunto? ¿Podría dar un ejemplo? ¿Podría formularlo de otra manera?

  2. Exactitud: ¿Es eso cierto? ¿Se puede verificar? ¿Cómo se puede corroborar si es cierto?

  3. Precisión: ¿Se pueden ofrecer más detalles? ¿Especificar más? ¿Se puede ser más preciso?

  4. Pertenencia o relevancia: ¿Qué relación tiene con el problema? ¿Cómo afecta eso al problema? ¿Cómo nos ayuda con el asunto?

  5. Profundidad: ¿Qué hace de esto un problema particularmente difícil? ¿Qué complicaciones podrían surgir?

  6. Amplitud: ¿Se puede plantear este tema desde otras perspectivas o puntos de vista?

  7. Lógica: ¿Tiene sentido lo que planteamos? ¿Se ajusta a la evidencia?

A estos siete Estándares Universales del Pensamiento habría que añadir dos más a la hora de evaluar correctamente nuestros pensamientos:


  1. Importancia: ¿Qué datos son los más relevantes? ¿Hay otros problemas más importantes?

  2. Justicia / Imparcialidad: ¿Tengo un interés personal en este asunto? ¿Represento los puntos de vista de otros de forma justa?

Por un lado, tenemos los elementos que conforman el pensamiento y, por otro, los criterios para evaluarlos, pero para completar el triángulo nos faltan las habilidades y competencias que debemos desarrollar para realizar un análisis correcto de las partes del pensamiento.

  • Autonomía intelectual: Es que uno aprenda a pensar por sí mismo y se guíe de acuerdo a sus principios, respetando su dignidad humana.

  • Compromiso de analizar y evaluar las creencias: Tomando como punto de partida la razón y la evidencia; o lo que es lo mismo, cuestionar cuando la razón dice que hay que cuestionar, creer cuando la razón dice que hay que creer y conformarse cuando así lo dice la razón.

  • Humildad intelectual: Es desarrollar la consciencia de los límites de nuestros conocimientos y el reconocimiento de nuestras equivocaciones. La humildad intelectual radica en reconocer que uno no debe pretender que sabe más de lo que realmente sabe.

  • Entereza intelectual: Este valor intelectual reconoce que hay ideas que, aunque las consideremos peligrosas o absurdas pueden estar justificadas racionalmente, en todo o en parte, y que hay conclusiones y creencias que nos han sido inculcadas que pueden ser falsas o estar equivocadas.

  • Empatía intelectual: Es distinguir los puntos de vista de los demás y colocarse en el lugar del otro para trabajar en un plano de justicia y equidad.

  • Integridad intelectual: Es la necesidad del pensador crítico por ser honesto en su pensar respetando sus convicciones individuales.

  • Perseverancia intelectual: Se refiere a la actitud perspicaz que debemos usar al enfrentarnos a la irracionalidad de otros.

  • Confianza en la razón. Confiar que los intereses propios y los de la humanidad estarán mejor atendidos si damos rienda suelta a la razón. Tener fe en que la gente puede aprender a pensar por sí misma, a construir visiones racionales, a llegar a conclusiones razonables y a pensar de forma coherente y lógica.

  • Imparcialidad. Ser consciente de que hay que tratar todos los puntos de vista de la misma forma a pesar de los sentimientos o intereses personales.

Y ahora, piensa: ¿Crees saberlo todo?

Si lo crees, mejor ni empieces.

Puede que tú sólo puedas abrir un ojo, y el otro dejarlo cerrado o pestañear, pero lo que sí es cien por cien seguro es lo que dice un proverbio árabe:

Los oídos no sirven de nada a un cerebro ciego.

Podrás oír alabanzas de tus amistades, incluso de tus familiares, pero sin la capacidad de aprender, sin creatividad, sin implicar a otras partes, o creyendo que el dinero hará que tu negocio o tu empresa funcionen, todo será un error.

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